E L    A L B A C E A

Querido amigo, probablemente cuando leas estas líneas ya habrás visto alguna que otra procesión en la calle, y habrás podido observar esos maravillosos tronos que tenemos en Málaga como van exquisitamente adornado de flores y con la cera perfectamente distribuida y alineada, habrás visto como los enseres que portan los nazarenos están limpios y brillantes como el primer día y más detalles, que como buen observador, seguro que no te has dejado atrás. Y hay una pregunta que te asalta ¿quién hace posible todo esto? La respuesta es bien sencilla, los albaceas.
    
¿Quién es el albacea?
El albacea es aquella persona que se encarga del mantenimiento y cuidado de los enseres de su cofradía además de velar por el adecuado cuidado de las imágenes de sus titulares, pero esta función no se queda ahí. Ser albacea es algo más.
Su trabajo comienza en el  mismo momento en que la procesión regresa al templo para recoger y guardar todos aquellos enseres que salieron en el desfile procesional y termina cuando la procesión sale a la calle el año siguiente. Es decir, su labor dura 365 días.
Para ser albacea se necesitan fundamentalmente dos cosas, amor por unos titulares y ganas de trabajar.

¿En que consiste la labor de un albacea?
Es un trabajo muy variado, desde limpiar la plata y los tronos, cuidar y mantener en perfecto estado los enseres, ayudar a vestir las imágenes, repartir las túnicas para la procesión, organizar la salida procesional, preparar los cultos, ayudar a los quehaceres diarios de la iglesia y colaborar en todas aquellas actividades que la cofradía organice.

Son muchas las personas que se acercan a las cofradías preguntando con que limpiamos los albaceas, que productos usamos y si existe alguna formula mágica para dejar la plata tan brillante y limpia como el primer día. La verdad es que este apartado esta todo inventado y lo único que se necesita son ganas de limpiar.

La albacería es la primera piedra de contacto con la que se topa una persona cuando entra por primera vez a una cofradía. En mi opinión, aquel que ha sido un buen albacea, sin duda será un gran cofrade. Las casas con buenos cimientos son mejores casas.

En una albacería se aprende a trabajar en grupo, a saber lo que es el esfuerzo desinteresado y a conocer lo que es el verdadero sentimiento de hermandad. En una albacería nadie se tanga, vamos todos a una.

         
¿De donde sacamos tiempo los albaceas? ¿Es que no nos dedicamos a otra cosa?
El albacea saca tiempo de donde puede, quitándole horas a su sueño y a su descanso y hasta a su familia y mientras las demás personas (que no son cofrades) después de su trabajo se van a casa a descansar, el albacea se va su cofradía a seguir trabajando.
Después de leer todo esto, querido amigo, no pienses que un albacea es alguien así como un superhombre, que todo lo puede, que no conoce el agotamiento ni la fatiga; pues nada más lejos de la realidad, el albacea es como cualquier persona, pero gracias a su amor a Dios y a su fe en Cristo y su bendita Madre, es posible que realice su duro y gratificante trabajo.

ANTONIO JAVIER SALMERÓN LÓPEZ

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