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Cuando en el Cabildo de 29 de junio de 2002 es elegido Hermano Mayor don Juan Antonio Bujalance Ferrer, uno de los principales objetivos de su mandato era impulsar y encauzar la realización de la decoración definitiva para la cabecera de la Basílica, pero solucionando al mismo tiempo el problema heredado de la ubicación de las imágenes, mantenido durante décadas. Para el Camarín de la Basílica se requería una decisión firme e histórica, de cara a la realidad actual y acorde con la liturgia. Para poder proceder a la búsqueda de una decoración definitiva lo primero que la Archicofradía debía tener claro era si deseaba mantener o no la ubicación actual, y en caso de que se decidiera alterarla, cual sería la distribución y ubicación de cada Imagen, -ninguno de los diseños aportados por Prini, Téllez o Castellanos contemplaba esta posibilidad-, teniendo presente en todo momento que, en caso de optar por separar a los Sagrados Titulares, ambos ocuparían capillas con decoración de igual categoría artística. Con este objetivo como único asunto en el orden del día, se convocó a la Junta de Gobierno, el viernes 18 de Julio de 2003. Tras exponer diversos directivos sus opiniones al respecto, se procedió a la votación de tres cuestiones que implicaban toma de decisiones escalonadas: emprender o no el proceso de búsqueda de soluciones para la decoración de la Basílica; separar o mantener juntos a los Sagrados Titulares, y por último cual de los Sagrados Titulares ocupará en su día el altar de la cabecera de la Basílica y cual la capilla a crear en el intercolumnio central de la bóveda del templo. El resultado de estas votaciones fue emprender el proceso de búsqueda de soluciones, separar, llegado el momento, a los Sagrados Titulares; situar a la Virgen de la Esperanza en el altar que actualmente ocupan ambas Imágenes y a la efigie del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso en un nuevo altar. Es en mayo de 2003 cuando el Hermano Mayor Juan Antonio Bujalance había anunciado a la Junta de Gobierno que en el mes de julio se celebraría una sesión monográfica, en la que se trataría de dar solución a nuestra inacabada Basílica. Es decir, fijar definitivamente si se acometía la realización de un retablo en la cabecera donde su ubicarían las imágenes del Nazareno y de la Virgen, o si por el contrario se separaban –no dentro del mismo retablo y en hornacinas distintas, como alguien creyó entender, sino en retablos distintos– y en este caso decidir qué imagen permanecería en el camarín actual y cuál de ellas ocuparía el lateral del templo. Este asunto había provocado, previamente, amplia discusión en el propio seno de la Comisión Permanente ya que había distintas opiniones sobre cómo y cuándo llevar a cabo la consulta a los hermanos, es decir si había que hacerlo en convocatoria extraordinaria de Cabildo o bastaba con la decisión de la Junta de Gobierno; si era necesario un plazo de meses en el que se debatiera la idoneidad de un retablo o de dos, escuchando las opiniones a favor y en contra, o si, por el contrario, había que tomar la decisión rápidamente. Tampoco existía un consenso por cuanto algunos entendían que sólo se debería acometer la realización de un retablo en el que tuviesen cabida las dos Imágenes, mientras que otros proponían que había llegado el momento de devolver el espacio propio a ambas, y erigir dos retablos; con la consecuencia de que uno de los Titulares permaneciese en la cabecera y el otro ocupara un nuevo altar lateral. Tampoco había acuerdo total entre los miembros de la Permanente de cuál tendría que ser la imagen que presidiera: por una parte la popularidad de la advocación de la Virgen de la Esperanza en el siglo XX, por otra el peso histórico del Dulce Nombre de Jesús y su predominio durante más de trescientos años. La opinión mayoritaria de la Comisión Permanente –en razón del voto de calidad del Hermano Mayor-, entendió que había que realizar dos retablos: uno en la cabecera y otro en un lateral de la basílica “de la misma categoría que el retablo que presidiese”. En este segundo retablo se instalaría al Nazareno del Paso, y la Virgen presidiría la Basílica. El Sagrario se desplazaría al retablo lateral. El Hermano Mayor Bujalance dictaminó, tras amplias discusiones, que la Junta de Gobierno del mes de julio decidiría todos estos asuntos. Y se eliminó el voto colegiado de la Comisión Permanente para esta cuestión. Algunos miembros de la Comisión Permanente señalaban puntos discrepantes. El primero era que, aunque de acuerdo en acometer la realización del retablo, lo que querían era uno, y no dos. Entendían que la fabricación de dos retablos, desplazando al Nazareno a un lateral, dañaba -sin necesidad, porque nadie lo había pedido, ni existía un clamor unánime en ese sentido- los sentimientos de muchos fieles del Señor, de hermanos que se visten de morado cada Jueves Santo, y de quienes, aunque se vistieran de verde desde hacía décadas, no podían entender que se desplazara a un retablo lateral al Titular de la Archicofradía, auténtica piedra angular que dio el nombre a la propia institución. La nueva junta de Gobierno presidida por Manuel Harras Polonio, que resulta elegida en junio de 2006, manifiesta en su programa, difundido previamente a todos los hermanos, el compromiso de resolver la cuestión del camarín devolviendo la individualidad a cada imagen, pero en un mismo retablo. La nueva Directiva mantiene que aunque hay centros de culto, en toda la cristiandad, que sitúan la imagen de la Virgen en el retablo central de sus iglesias; que hay ermitas, santuarios o basílicas definidos como marianos, o cofradías en ciudades hermanas en las que la Virgen preside; eso no quiere decir que no busquemos nuestras propias formas; resultados que sean fruto de nuestro pasado, de nuestras circunstancias y de nuestra realidad; de una reflexión centrada en y para nuestros Sagrados Titulares, acerca de su carácter exclusivo; sin la ligereza de clonar modelos de fácil importación. En la Archicofradía –y esto es algo que quisiéramos reflejar desde cada una de estas líneas– debe primar el unir, no el desunir, por lo que sentimientos y símbolos han de tratarse con mucho cuidado. Antes que erigir retablos es primordial no dañar. Y hay muchos hermanos, a los que se hace daño alojando el Nazareno en un lateral. Se atropellan sentimientos. Ocurre algo más al respecto; al margen del costo, elevado, del retablo existe un problema añadido. Para erigir un retablo lateral “de la misma categoría” que el central hay que intervenir en la infraestructura y derribar una parte importante de la casa-hermandad. En este sentido el dictamen de los expertos es fundamental, y en su momento no se estudió si la obra era técnicamente posible. La disposición de las Sagradas Imágenes debe considerarse en vertical y totalmente centrada. La Virgen de la Esperanza, medianera de la Divina Gracia, ocuparía una posición mucho más cercana al suelo de lo que está actualmente. La “Reina del Amor del Pueblo” debe estar más accesible a ese pueblo que necesita su proximidad, casarse delante de Ella, presentarle sus hijos o llorar con ella. Es irrenunciable el poder seguir escuchando esa frase de “me caso en la Esperanza”. En Cabildo ordinario celebrado el sábado 21 de junio de 2008 a las 12 de la mañana en la Basílica, los hermanos capitulares con derecho a voto, es decir, aquellos con diecisiete años cumplidos y al menos uno de antigüedad en la corporación, fueron consultados sobre la ubicación de los Sagrados Titulares. Con la inclusión de este punto en el orden del día se daba cumplimiento al compromiso adquirido en Junta de Gobierno de someter el asunto del retablo a la consulta de todos los hermanos, dada su trascendencia. |
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