A N T E C E D E N T E S

Tras la Semana Santa de 1927, y quizás motivada por la "fiebre de modernismo que padecimos por estos años veinte y de la cual no se libró tampoco la Hermandad", se emprenden las obras de transformación de la Capilla de la Archicofradía en la Iglesia de Santo Domingo, que se prolongarán durante los años siguientes. Con este motivo, las imágenes, que hasta ese momento ocupaban altares individuales dentro de la Capilla, pasan a ocupar los laterales del presbiterio.

Cuando el 9 de febrero de 1931 es bendecida la Capilla, extrañamente las dos efigies van juntas en la misma hornacina, ya que "ha sido transformada por completo desapareciendo el camarín de la Virgen y convirtiendo el de Nuestro Padre Jesús del Paso en camarín para las dos imágenes", quitándole toda la gracia que le daba su antigüedad tan añeja, y tan en consonancia con las dos imágenes barrocas.

"De lo que era la antigua capilla no queda nada. Todo ha sido transformado en un alarde de gusto depurado y siguiendo las reglas de estilo románico. La verja que cierra el paso de entrada es de hierro forjado, las paredes se revistieron de piedra fina, el Sagrario es primoroso como igualmente la combinación de luces del Camarín (..), los pedestales de las imágenes de Jesús y la Virgen, y el techo de un artesonado lindísimo."

Se crea, con esta transformación de la Capilla una situación anómala, anacrónica y forzada, sin precedente alguno conocido en la Málaga cofrade, motivada posiblemente por el auge devocional de la Virgen de la Esperanza que los directivos de la Hermandad no pudieron o supieron solucionar de otro modo que ubicando ambas imágenes en un mismo altar, sobre peanas idénticas, en plano de igualdad. Los avatares de la historia harían que tan sólo un par de meses después, en mayo de 1931, la Capilla fuese pasto de las llamas al igual que el resto del patrimonio histórico artístico de la Archicofradía.

Cuando en los años 40 se acomete la reconstrucción del recinto, se hace manteniendo la ubicación de las imágenes en el mismo altar, y aunque en un primer momento la Virgen se coloca junto al Nazareno, a un nivel ligeramente más bajo, pronto vuelven a encargarse peanas idénticas para presentar ambas imágenes en plano de igualdad.

Las obras de restauración de la Capilla se prolongan hasta 1961, en que se acometen las últimas etapas meramente decorativas, colocándose una gran vidriera con el motivo de la Anunciación y una lámpara de forja, y pensándose desde un primer momento en aprovechar los grandes lienzos del nuevo camarín para la confección de un mural pictórico, que realizará don Miguel Rodríguez Acosta-Calströn, siendo la Capilla bendecida en la festividad del Dulce Nombre de Jesús de 1962. En el camarín, una vez más, ambas imágenes son ubicadas siguiendo esta peculiar distribución.

Cuando el 4 de Junio de 1988 tiene lugar la consagración del nuevo templo de la Archicofradía, cuyas obras habían finalizado apenas unos días antes, la decoración interior del mismo, casi inexistente, hacia notoria la necesidad de buscar una solución para el amplio espacio reservado para las imágenes de los Sagrados Titulares, empequeñecidas bajo un ábside de quince metros de altura y rodeadas de paredes desnudas, que creaban un entorno muy poco adecuado. La disposición de las Imágenes, no extrañó a nadie, al ser la que se había conocido en la Capilla de la iglesia de Santo Domingo durante casi seis décadas.

Diseño de Eloy Téllez Diseño de Prini
Diseño de Castellanos Diseño de Hijano

Dado que la Archicofradía, tras el enorme esfuerzo económico que supuso la construcción del templo no podía plantearse soluciones artísticas para la decoración del camarín, se adoptaron medidas para tratar de paliar la situación en la medida de lo posible, como la inclusión de cortinajes para re-vestir los blancos muros, o la colocación de lampadarios. En 1993, la decoración de la bóveda con la obra del pintor almeriense Andrés García Ibáñez, se extiende hasta el espacio absidal donde los profetas mayores - Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel - aparecen sobre el camarín de las Sagradas Imágenes.

Habrá que esperar hasta el 18 de septiembre de 1997, siendo Hermano Mayor don Carlos Ismael Álvarez García, fecha en la que la Junta de Gobierno acuerda llegado el momento de decorar definitivamente la cabecera del templo de la Archicofradía, y decide encargar oficialmente a don Fernando Prini Betes, don Eloy Téllez Carrión y don Jesús Castellanos Guerrero, soluciones factibles para este fin. Tras algunos meses, se celebra una Junta de Gobierno extraordinaria, el 4 de Julio de 1998, a la que asisten los señores Prini, Téllez y Castellanos con sus respectivos diseños (que reproducimos a continuación) para presentarlos ante los directivos.

En la Junta de Gobierno celebrada el 11 de diciembre de 1998, se acuerda, a fin de facilitar el estudio, conocimiento por parte del mayor número posible de hermanos, y el debate en los órganos de gobierno de la Archicofradía sobre la solución definitiva a la decoración interior de la cabecera de la Basílica, y la posible ejecución del proyecto redactado por don Jesús A. Castellanos -al ser considerado como el que más se adecua al estilo arquitectónico del templo y ser la solución más viable-, se ha encarga la construcción de una gran maqueta de todo el ábside del templo que ejecutan los señores Funes y Puyet, con la colaboración artística de los señores Aguilar, Trillo e Hijano (quien por su parte también había aportado una propuesta de diseño), que permite la contemplación en tres dimensiones y desde todas las perspectivas, de las posibles soluciones que se barajan así como sus posibles variantes.

Tras meses realizando modificaciones con las sugerencias aportadas al respecto, la maqueta se dio por finalizada y se ubicó en el Museo de la Archicofradía donde pudo ser contemplada por hermanos y visitantes, en espera de que fuese adoptada alguna decisión al respecto, hasta que se destrozó en un lamentable accidente acaecido durante las obras previas a la instalación del mural elaborado por el pintor don Eugenio Chicano para la bóveda del Salón de Tronos.

Cuando Manuel Harras Polonio, acompañado por la actual permanente presentó su candidatura a Hermano Mayor de la Archicofradía, una de sus principales preocupaciones, era dar una respuesta integradora a la cuestión del Retablo o mejor dicho de los Retablos. En este sentido se había dirigido a los archicofrades, durante el periodo electoral, en una Declaración de Intenciones que expresaba las líneas maestras de su programa.

La idea aprobada el 18 julio de 2003, por la Junta entonces presidida por Juan Antonio Bujalance, era –a instancias del propio Hermano Mayor- dotar a la Basílica de un magnifico retablo en el presbiterio dedicado a María Santísima de la Esperanza. Al mismo tiempo se proponía hacer otro “de la misma categoría”, ocupando un lateral de la iglesia, donde recibiría culto el Nazareno del Paso; y dejar la solución de la realización de la obra, a artistas y a técnicos, mediante la convocatoria de un concurso de ideas.

Con la elección de Manuel Harras Polonio como Hermano Mayor en junio de 2006, la Junta de Gobierno toma la decisión de nombrar una comisión que se ocupe de dar respuesta a lo que, en el programa de gobierno, la Comisión Permanente ya había ido dando a conocer a todos los hermanos mediante un díptico ilustrado y numerosas reuniones informativas.

En lo concerniente al Retablo, en tanto llegaba el momento de consultar al Cabildo General de hermanos para que se pronunciase al respecto, el programa proponía lo siguiente:
“La fabricación de dos retablos, situando al Nazareno en un lateral, daña los sentimientos de muchos fieles del Señor que no podemos entender este desplazamiento. Somos firmes partidarios de un retablo único. Ocuparía la cabecera de la Basílica y terminaría con esa sensación de  provisionalidad y esa desproporción que empieza a resultar angustiosa. Un único retablo de magnitud y calidades adecuadas al carácter de nuestra Archicofradía, que integre las dos Imágenes de forma armónica y didáctica. Que compendie en un solo programa iconográfico al Dulce Nombre de Jesús y a su Madre que se nos ofrece como Esperanza a cuya intercesión recurrimos.
La disposición de las Sagradas Imágenes debe considerarse en vertical y totalmente centrada. La Virgen de la Esperanza, medianera de la Divina Gracia, ocuparía una posición mucho más cercana al suelo de lo que está actualmente. Más elevado, en ese mismo centro visual, debe situarse la serena majestad del Hijo de Dios, que brillaría con luz propia. Este sería el esquema básico de la disposición de nuestros Titulares. Si nuestras ideas tienen la suficiente aceptación entre los hermanos, por este retablo trabajaremos.Además, una decisión de ese calibre, siempre debe ser tomada por el Cabildo y aprobada tras un amplio debate por el órgano que comprende a la totalidad de los hermanos. Todos ellos tienen el derecho a participar en acuerdos de esta envergadura. Hay que convencerse de que es totalmente necesario darles la oportunidad de que manifiesten su parecer en las grandes cuestiones.”

Tras la aprobación de la Junta de Gobierno y del Cabildo General de Hermanos se realizaron tres proyectos de retablo en el que los dos Titulares de la hermandad compartían camarín: la imagen del Nazareno del Paso en la parte superior y la de la Virgen de la Esperanza en la inferior. Los proyectos fueron realizados por Andrés García Ibáñez, Talleres de Arte Granda, y Pablo Paniagua.

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