C O N S I D E R A C I O N E S

Cuando en 1988 se erige el Templo de la Archicofradía aparece reproducido en el camarín el mismo esquema formal que conocíamos de la antigua Capilla en la Iglesia de Santo Domingo, pero aumentado.

El resultado fue tan llamativo que hubo que tranquilizar a los fieles matizando con rapidez que por imperativos económicos tanto la cabecera de la iglesia como el camarín eran claramente provisionales.

El profesor Pérez del Campo escribiría poco después: "sobre un alto plinto se dispone el camarín, en el que se sitúan las imágenes de Jesús Nazareno del Paso y la Virgen de la Esperanza. Aún no han finalizado los trabajos de decoración de este camarín, presentando en la actualidad un aspecto frío e inhóspito, desproporcionado al módulo de ambas imágenes. Según informa la Archicofradía, no ha sido ultimada la solución decorativa para este amplio recinto que, parece, debe pasar por la construcción de algún elemento ornamental..." (1)

Para la Junta de Gobierno fue la manera más noble de rendir tributo al pasado inmediato, sin complicaciones de ruptura; en ese sentido suponía afrontar una nueva etapa al amparo del continuismo estético.

Actualmente la gélida visión inicial del templo se ha reparado en parte a base de incorporar elementos decorativos auxiliares; pero lo cierto es que ni cortinajes, ni lampadarios, ni pinturas murales resuelven el problema, ni evitan la anómala situación de las Imágenes, empequeñecidas bajo un ábside de veinte metros de altura.

Cuentan los antiguos que los archicofrades delegados ante la recién fundada Agrupación de Cofradías, allá en los felices años veinte, todavía eran conocidos como "los del Paso". En la historia y en la fe el Dulce Nombre de Jesús constituye la piedra angular de la corporación, como Cristo lo es en la Iglesia. Sin embargo, todos somos conscientes del auge devocional de la Virgen desde hace un siglo. La Esperanza hoy ha terminado por inundar de verde esplendor lo que le rodea. Todos hemos sido partícipes poco a poco de esta realidad incuestionable. Mucho se ha laborado porque así fuera, introduciendo la más hermosa palabra en los rincones más insospechados. La Esperanza impregna hogares, personalidades, familias y hábitos; centra ilusiones, encarna proyectos continuos.

Habrá que echar la vista atrás para recordar que las veneradas devociones de las que la Archicofradía es depositaria no siempre estuvieron así colocadas; bien al contrario, gozaron durante trescientos años de carácter, lugar y procesión unidos pero individualizados. Y con esas formas, a lo largo del tiempo, atesoraron el fervor de las generaciones que ante cada una rezaron. Sólo el "modernismo" de una directiva, posiblemente surgida de una falta de consenso sobre el asunto(2), quitó en 1931 al Señor del Paso y a la Virgen de la Esperanza el espacio propio, adosándolos de manera anacrónica y extraña. Esa sería la respuesta formal ante la ya incontenible popularidad de la Señora.

El domingo 8 de febrero de 1931 -tres meses antes de que todo el patrimonio documental y artístico fuera pasto de las llamas- se volvió a abrir al culto, reformada, la Capilla de la Archicofradía en Santo Domingo. Sorprende que en el encendido discurso(3) pronunciado después del acto por el hermano mayor Cárcer no haya referencia alguna a la nueva disposición de los Sagrados Titulares. Desconcierta la omisión de este punto capital que alteraba una tradición de 290 años.

La Unión Mercantil, periódico de la época, había publicado al respecto: "la antigua capilla ha sido transformada por completo desapareciendo el camarín de la Virgen y convirtiendo el de Nuestro Padre Jesús del Paso en camarín para las dos imágenes."(4)

El erudito Juan Temboury se quejó muchas veces de "esta barbaridad que hicieron los cofrades del Paso al transformar su capilla barroca que tanto sabor tenía."(5)

Sobre esta puesta en un solo altar de las dos imágenes se ha discutido mucho y hasta entonces no se había visto nada parecido en la Málaga cofrade(6); pero esa forzada situación en aquel nuevo camarín "compenetrado y armónico" no se enmendó.

Tan agrias debían haber sido las polémicas antes de la guerra que cuando se volvió a reconstruir el recinto, terminada la contienda bélica, el Señor y la Virgen fueron de nuevo situados uno al lado del otro, como si de algo normal o tradicional se tratara, para no volver a tocar esta cuestión. Y así están. Desde 1931 hasta nuestros días, un breve paréntesis abierto en la dilatada historia de la Archicofradía, que es hora de cerrar devolviendo a cada Imagen el camarín propio del que nunca se les debió privar.

Es evidente que la razón histórica fundamenta con amplitud la normalización propuesta, sin embargo concurren además otros factores de diversa índole y suma importancia para dotar de espacio propio a cada uno de los Sagrados Titulares.

 

A. CONSIDERACIONES ESTÉTICAS.

1. Disimilitudes estilísticas que rozan el antagonismo: la espiritualizada imagen de vocación clasicista y marcados rasgos contemporáneos, de una parte; y el fastuoso discurso barroco, pleno de accesorios suntuarios, de otra.

2. General reconocimiento de que la individualización practicada en funciones religiosas solemnes sería deseable todo el año: se desvelan los valores artísticos de cada imagen porque la mayor separación permite respetar la diversidad de sus concepciones plásticas.

3. Necesidad de liberar la efigie del Señor del Paso de la actual concordancia estética, impuesta para armonizar con la Virgen a base de incorporarle una indumentaria exuberante y revestimientos ajenos a la sencillez de su configuración original.

4. El exorno floral aparece como un recurso más en el intento de homogeneizar lo irregular: es habitual contemplar la imagen del Nazareno rodeado de margaritas, liliums o especies que por su forma y color son poco indicadas para esta iconografía. El espacio de dominio estético del Señor se reduce al centro de flores colocado a sus pies. Incurrir en una composición bicolor derecha/izquierda sería aún menos afortunado.

 

B. CONSIDERACIONES LITÚRGICAS

1. La cotitularidad de la Basílica no implica la equidad espacial para ambas imágenes. El Concilio Vaticano II en la Constitución para la Sagrada Liturgia recuerda que "las imágenes sagradas deben guardar el debido orden a fin de que no causen extrañeza" (7)

2. La actual ubicación pareada no obedece en este caso a la representación de un encuentro de Jesús y María según los Evangelios, tampoco a algún pasaje apócrifo, por lo que no posee especial valor didáctico u catequético.

3. Dotar a María Santísima de la Esperanza de situación y entorno con la prestancia adecuada a una Imagen coronada canónicamente por la Iglesia Católica. No se conoce ningún otro caso de representación mariana coronada que no goce de localización exclusiva.

4. Evitar la eventual irrupción de imágenes en el presbiterio o entre la comunidad celebrante, con las obligadas medidas decorativas que ello comporta y la consiguiente interferencia en el normal desarrollo del canon eucarístico.

5. La independencia de las sagradas imágenes podría dar paso a una nueva situación del Sagrario según aconsejan las nuevas orientaciones litúrgicas dadas por la Iglesia.

 

C. CONSIDERACIONES PIADOSO-DEVOCIONALES

1. Respetar las acusadas tendencias devocionales de los fieles y hermanos, preservando la identidad de cada advocación de mezclas que en lugar de fomentarla pueden diluirla; y facilitar el encuentro con la imagen concreta en un diálogo más íntimo y oracional.

2. Cualificar la exposición al culto público diario atendiendo a las mismas razones que hacen de la procesión un solo conjunto pero con dos tronos y secciones perfectamente diferenciadas. La cercanía física entre los Sagrados Titulares sería ocasional y extraordinaria, no habitual e inevitable.

3. Eludir situaciones incómodas ante visitas oficiales protocolarias destinadas a uno solo de los Titulares.

4. Posibilitar el acceso de los fieles en prácticas de arraigo devocional: besapié o besamano, presentación de recién nacidos, tocar el manto, pasar un pañuelo, ofrendas y regalos...

5. A las hermandades las hace la calle y el pueblo se deben; es preciso corresponder a la expectativa popular que al respecto se ha suscitado en nuestra ciudad y fuera de ella.

La unión del Paso y la Esperanza constituye una parte irrenunciable del perfil cofrade malagueño, sin embargo esta vinculación en una misma Archicofradía no parece razón suficiente para forzar un enlace físico de Imágenes que ni la historia acredita; ni la estética, ni la liturgia, ni la devoción justifican.

Nuestros Sagrados Titulares son el soporte material de una realidad invisible, un reflejo que conduce al reconocimiento de Dios, son como un puente que nos enlaza con el misterio. Su contemplación debe formar parte de una armonía de signos a fin de que la celebración de la fe se grabe en la memoria del corazón y se exprese luego en nuestra vida nueva(8).

SALVADOR GARCÍA MORGADO

 

1. PEREZ DEL CAMPO, L. Empresas arquitectónicas de las cofradías malagueñas. Una aproximación histórica. "Semana Santa en Málaga". Tomo V. Málaga, 1990. P.24
2. "Para desarrollar y efectuar la obra de la Capilla se constituyó esta Junta (...) Inaugurada la Capilla termina el compromiso de la Junta que presido". M. Cárcer Trigueros en "Páginas de Ayer". Boletín "Esperanza". Nº 11. Málaga, 1994. PP.20-21.
3. Op. Cit. El texto integro de esta interesante alocución se recoge en el Boletín "Esperanza", nº11. PP.19-22
4. Diario La Unión Mercantil, Málaga. 23 mayo 1928. N. del A. La ejecución de las obras se prolongó durante varios años.
5. Carrera, D. "El Paso y la Esperanza. 1890-1938". "Esperanza Nuestra", Málaga, 1988. P. 99
6. Carrera, D. Op. Cit. P. 104
7. Sacrosanctum Concilium, 125
8. Catecismo de la Iglesia Católica, 1162.

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