|
C R I P T A
El origen de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús se afirma que fue establecida en 1561 por Bula de Su Santidad Pío IV. En los fines de la Cofradía aparte de dar culto a la imagen de Jesús Nazareno, existía el de enterrar en sagrado, y en los nichos que poseía dicha Cofradía, a los hermanos que a ello tenían derecho.
El 16 de Junio de 1641 se funda la Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, constituida por 72 hermanos, que se incorpora a la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús desde el mismo momento de su fundación. Dichos 72 hermanos y sus esposas, y si eran solteros sus madres, tenían derecho a enterramiento en los nichos de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús.
Al principio del pasado siglo se deja de inhumar en las iglesias, nuestra cofradía adquiere un panteón en el Cementerio de San Miguel, para de esta forma seguir observando la vieja norma de sus antiguos Estatutos.
Al conseguir nuestra Archicofradía en 1.976 los terrenos que actualmente ocupa, y habiendo la Santa Sede permitido la cremación de los cadáveres, se acordó, que al mismo tiempo de edificar un templo para nuestros Titulares deberíamos construir una cripta-columbario en la que pudiesen descansar las cenizas de los cofrades que desearan estar cerca de las imágenes de su devoción.
El Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza, desde su camarín cercano, acompañarían a las cenizas de sus devotos.
Con esta decisión nos acercábamos a uno de nuestros fines primeros del siglo XVI, el que los cofrades que lo deseen, y tengan derecho a ello, descansen en la paz del Señor en el hoy Templo del Paso y la Esperanza.
En acta de 1930, de la Real Archicofradía de Jesús del Paso y María Santísima de la Esperanza, el entonces secretario Matías Abela Benito certifica:
"En lo que es patio de entrada a la Sala de Juntas y Capilla y linda en el Guadalmedina y jardín de la Capilla del Rosario, existió un panteón propiedad de la Hermandad donde reposaban los restos de muchos Hermanos y frailes dominicos. Deseando la Cofradía conservar tan preciadas reliquias, se construyó en la reformada Capilla esta bóveda osario. Siendo las once y treinta del día 20 de Enero de 1.930 y a presencia de los firmantes, se procedió con toda solemnidad al traslado de dichos restos" desde los viejos nichos a la bóveda osario recién construida.
El 6 de noviembre de 1992, la Archicofradía celebró un solemne funeral en su templo en honor de sus antiguos hermanos, que vivieron en los siglos XVI, XVII y XVIII, cuyas cenizas fueron trasladadas a la cripta de la Hermandad. Tras obtener el permiso del Obispado, los restos fueron incinerados para poder trasladarlos a la cripta y situarlos a los pies del Nazareno del Paso y de la Virgen de la Esperanza, como especificaban los hermanos en sus testamentos.
El solemne funeral comenzó con una procesión claustral, tras la cual se celebró una misa, en la que se pidió por el alma de estos hermanos. Asimismo, intervino el Hermano Mayor, D. Carlos I. Álvarez, quién explicó a los presentes el sentido del acto religioso. Posteriormente, el secretario de la Archicofradía leyó el acta y se cantó la salve. Finalmente, hubo una emotiva procesión con seis pequeñas cajas, donde iban las cenizas de estos hermanos de los siglos XVI al XVIII.
Estas cajas fueron llevadas por Carlos Gómez Raggio, Manuel Narváez Díaz, Rafael Esteve, Carlos Ismael Álvarez, Antonio Garrido y fray Florencio Turrado.
La Virgen de la Esperanza fue vestida de negro para el funeral y el Nazareno lució una sencilla túnica morada.
En nuestro Boletín de Diciembre de ese mismo año, el Hermano Mayor, Carlos Ismael Álvarez, indica:
"Serán Cenizas, más tendrán sentido.
Hace unos días hemos levantado las viejas losas de mármol de nuestra Capilla de la Iglesia de Santo Domingo para buscar la bóveda donde, según los anales de la Archicofradía, aguardaban la resurrección muchos hermanos de tiempos pretéritos. Efectivamente allí, bajo el lugar exacto donde cada 18 de Diciembre la Virgen recibía el besamanos, estaban, indemnes de las riadas del Guadalmedina y de la saña de los incendiarios, los restos de aquellos cofrades de los primeros siglos de nuestra historia. Al trasladar estas reliquias a la cripta de nuestra Iglesia hemos dado cumplimiento al piadoso deseo" de aquellos antiguos hermanos nuestros.
CARLOS GÓMEZ RAGGIO

|