E N    L O S    P R E G O N E S

 

Año 2000 - JESÚS A. CASTELLANOS GUERRERO

... Porque en cada uno de tus besamanos, cuando te acercas desde tu altar hasta nosotros, el invierno se torna en primavera, la tristeza se hace sonrisa, las dudas se vuelven certezas y la zozobra serenidad. Porque tus ojos siempre han puesto luz en nuestras sombras; porque todos, alguna vez, nos hemos cobijado bajo tu manto y hemos experimentado compañía en nuestra soledad, alivio a nuestros dolores, calor para nuestra tibieza y dulzura a nuestros sinsabores; porque has puesto amor en nuestro desaliento y serenidad en nuestra precipitación; y cuando la tierra ya la pensábamos yerma se ha cuajado de verde romero y ha brotado para darnos su mejor fruto. Nuestro pueblo, que es mucho más extenso que los límites que marca una ciudad, te invoca con lágrimas porque necesita tu luz y tu aliento, como Jesús necesitó tu sí y tu sangre, nuestro pueblo que te aclama y que por ti suspira, te ha reconocido desde siempre como el Puente que nos conduce a Cristo, como su Estrella y su guía, como su refugio y su aurora, como su amable sueño y como su Esperanza...

...y. al fin, a recorrer esas cuatro calles que nos llevan a la Plaza, donde ya no está la Cárcel ni el Ayuntamiento, las Agustinas ni el café de la Loba, el Consulado ni la Compañía y donde, sin embargo, llegada la medianoche de cada Jueves Santo, en el clímax de la celebración, vuelve hacerse presente el milagro de amor del Dulce Nazareno quien, vuelto sobre sus pasos y con Málaga entera a sus pies, bendice a este pueblo hasta los confines de su mar y de su tierra...

Año 2001 - ENRIQUE ROMERO FERNÁNDEZ

...Tú sales al paso de nuestras desgracias y te pedimos que nos des la fe, Señor con rostro de hombre, que nos acercas tu infinita grandeza. Caminas con nosotros, Nazareno del Paso, eres el prodigio de la bondad, pones la otra mejilla y te haces hombre para dejar la luz celestial a tu madre de la Esperanza. Quieres pasar de puntillas pero nos cautivas con tu mirada, no quieres pisar el romero para dejar la alfombra inmaculada.
En Málaga la primavera entra el Jueves Santo. Que se abran las bóvedas verdes de la Alameda, y se arqueen los robustos troncos de los ficus centenarios, que se retiren el mar y las olas, dejad la arena húmeda, que nazca el verde de los campos, que el perfume invada la ciudad y el romero bordee las calles con su verde manto. Dejad que el aire malagueño acaricie su cara templada, ella sola lo llena todo, de banda en banda, todo el año te estamos esperando. Se esconde la luna asustada porque el sol sale en Málaga el Jueves Santo de madrugada, y cuando la vida se nos vaya y no podamos verte en tu trono y perdamos la luz de Málaga todos querremos estar contigo y ver tu cara, Esperanza Coronada...

Año 2002 - CELIA VILLALOBOS TALERO

...En la noche del Jueves Santo, la bandera de Málaga es el terciopelo de los "moraos" y de los "verdes" de la Archicofradía del Paso y la Esperanza. ¡Qué difícil es decir algo cuando tantas cosas se han dicho al Moreno que bendice y a la Reina del Perchel! vosotros mismos, querido Antonio y Carlos Ismael, la habéis cantado en este escenario. Desde cualquier aspecto que se mire, sólo se encuentra una palabra: grande. Todo es grande en su historia, en su patrimonio, en su arraigo, en la importancia de la labor pastoral de su iglesia, en el entusiasmo desbordado en la calle, en la bendición a la ciudad que es la ceremonia más antigua de nuestra Semana Santa, en la alfombra de romero, en la belleza indefinible de la Virgen de la Esperanza que yo quisiera comparar con la espuma de encaje de sus pañuelos.
Cuando la noche se hace madrugada, la brisa del mar se alía con el movimiento de los varales para mover el palio y, al pasar el último puente, al ritmo de la marcha de "Coronación", la Virgen del ancla no camina, sino que navega sobre un mar de malagueños que, año tras año, se arremolinan para perpetuar el rito: ¡Ahí va, camino de su casa, aliviada en su dolor por la devoción de su gente, la Esperanza de Málaga, la Madre de Dios!...

Año 2003 - BERNARDO M. PINAZO OSUNA

...Hasta hace bien poco, la columna que sostiene el alma de este aprendiz de pregonero, recubierta estaba de negra túnica nazarena, hoy puedo decir que el final del Jueves Santo vino hacia mí con anticipo y esa librea de hijo de Dios que es la túnica nazarena, ha tornado deviniendo en este instante Verde Esperanza.
Gracias Majestad, Señora de Málaga, gracias por darme a mis hermanos, gracias porque nunca me dejaron y por nosotros se desvivieron, gracias porque nos pusieron en las mejores manos, Ignacio, Alberto, Paloma, Francis, Familia Rubio, Doctor Peláez, Don Victoriano. Gracias por devolverme la vida de mi vida. Gracias María Santísima de la Esperanza, no sé expresarte más mi gratitud y si de mí dependiera tus lágrimas secaría, para que esos ojos, iluminasen a la Tierra entera y las enfermedades no hicieran naufragar a nadie por siempre jamás.
Y seguro estoy que también el alma que habita en nuestras calles, requemadas por el sol y tamizadas por las sombras de la tarde, dejando caer en la noche la mejor de sus galas ante la Reina que del color del caramelo tiene su cara, volverá a dar testimonio de los más vivos sentimientos, fervores y tradiciones, recogiéndolos en un largo y entallado cíngulo de seda como el de Antonio Garrido, para ceñírsela a la cintura de la Málaga nazarena.
Fe, Caridad y María Santísima de la Esperanza, todas las Virtudes encerradas en un mismo, inmenso y maravilloso espacio, que entre el crepitar de la candelería y las tulipas de color ámbar, la vida humana se afana en ver y descorrer el velo que separa el presente su mañana. No nos importa el antojo de tu palio, ni las morilleras que te abanican y rematan las bambalinas, ni los bordados de tu manto, si es Madre en Tu Rostro sereno el más armonioso, grande y bello adagio, que sirve de pañuelo donde recoges tu llanto.
Nuestros ojos quedaron sumidos en el fulgor de Tu mirada abrasadora y nuestros labios impuros humedecidos del frescor de la fuente de tu faz, por eso digo a los malagueños que quien desee vivir por siempre en eterna confianza y alegría, deberá con boca llena decir a la perchelera, que tan solo la obtendrá si en Ti confía: ¡Esperanza marinera!
Y me arrodillo cuando escucho los toques de una campana que reverbera de una forma singular. Cada trono tiene su peculiaridad y su propio sonido, más, de entre todos, uno que me hace entrever tres niños en cada esquina portando faroles, hombre de túnica y faraona morada que lo llevan de una forma primorosa y arriba la figura de una sin par Cruz de caoba y plata que repujada tiene la historia de quien la ha de llevar: Jesús Nazareno del Paso, Varón de los dolores de la profecía de Isaac. Cara judía, mirada profunda, no perdida, expresión serena en noche de romero y luna llena, estandartes bordados sobre malla y, marfil en los paños de bocina. Señor que imparte mirando al pueblo la Bendición, Cruz al hombro que será luego de sangre y madera, dejadme Archicofradía del Paso y La Esperanza que yo también después en ella muera...

Año 2005 - MANUEL MOLINA GALVEZ

...Y sigue el jueves de blanco sudario en la santa cruz.
De última cena y poderoso viñero.
De buena muerte legionaria ye infinita misericordia.
Jueves zamarrillero de verde esperanza...
...Jueves de Esperanza malagueña. Todo en Ella es grande. Su trono, su estilo, su belleza. Todo es casi tan grande como la devoción que por Ellos sienten los malagueños... cuando sale al paso, en pos de su Bendito Hijo a recibir el continuo piropo de los malagueños. ¡Divina Reina y Señora del verde romero!... eres grande porque Tú..., Tú... Señora... tienes las llaves del cielo...

Año 2006 - RODRIGO MARTÍN MARTÍN-ESTÉVEZ

...Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso. La mayor Esperanza de la humanidad en Jesucristo, andando por las calles de Málaga. El Nazareno impresionante que avanza rodeado de ángeles y no solo los de su trono, porque glorifica a su paso a todo el que le rodea. Toque de campana por un mayordomo que desde muy lejos se oye, con un sonido especial entre todos los sonidos. Despacio, lento, majestuoso, el tantas veces llamado Dulce Nazareno, es más dulce y portentoso que nunca en la noche del Jueves Santo. Ya por calle Larios se acerca a la plaza, que cuando Él llega vuelve a ser las de las Cuatro Calles, porque esos momentos del Nazareno del Paso, hace que el corazón de Málaga vuelva a latir con sonidos de ayer y de siempre. Ya está mirando a la ciudad toda y haciéndose el silencio se oye la campana, y lenta muy lentamente, el Dulce Nombre de Jesús, el Nazareno de Málaga, la bendice y la comprende, la bendice y la ama más que nunca, la mira con infinita bondad y la perdona para siempre. Ya el Hijo de Dios ha bajado de su trono y bendiciéndonos ha pisado la calle, para estar una vez más entre todos nosotros, sabiendo que así lo seguirá haciendo, por los siglos de los siglos.
Y ahora cómo me expreso yo. Cómo decir y con qué palabras contar, lo que siente un corazón que nunca fue rojo, porque desde su primer latido fue de color verde.
Han observado alguna vez, que con lo difícil que en ocasiones somos los malagueños para mantenernos quietecitos y en nuestro sitio, como esa enorme multitud que ha invadido la plaza, calle Larios y alrededores, para ver y recibir la bendición, sin que nadie les diga nada y prácticamente en segundos y muy pocos, esa muchedumbre vuelve a estar en su sitio y en perfecto estado de revista. ¡Es que es mucho, lo que viene detrás! son muchas las palmas que se oyen y las flores que sobre ese palio que va buscando calle, caen desde los balcones. Se mezcla el entusiasmo y profundos silencios de esas mismas personas que estaban enardecidas y tan pronto como colectivamente se quedan como extasiadas, viendo pasar a la Esperanza.
Todos quieren ver la cara de esta Virgen, porque a pesar de la monumentalidad de su trono, de ese palio, de ese manto y de todo lo que lleva, nada es comparable a su cara, nada se parece a la profundidad de esa su mirada, que ni siquiera en el infinito tiene límites.
Hará de esto, algo más de dos décadas y como siempre me ha gustado verla tantas veces y por tantos sitios, en esa noche donde en su honor quien manda es el olor del romero, me encontraba en la esquina de Carretería donde está el convento de las Catalinas, y allí tuve la suerte de oír, la oración más sincera y más profunda de mi vida. Ya estaba muy cerca el trono de la Virgen y en esa esquina cada vez estábamos más apretados. Llegó el gran momento, muy despacio, con ese paso que le dan sus hombres de trono, guiados por el que llevan los componentes de ese famoso y pionero submarino de la Virgen morena, la perchelera de toda Málaga, y de pronto una mujer, entrada ya en años que estaba casi a mi lado, con tono de voz cercano a lo coloquial y con los ojos clavados en Ella le dijo: "Esperanza hija, que Dios te bendiga". Y ahora, que vengan los teólogos, los liturgistas, los canonistas y todos los que quieran venir, a ver si son capaces de escribir o decirle a la Virgen algo parecido. Esa es la Virgen de la Esperanza en Málaga, la biznaga muchas veces bendita cuyos jazmines no se marchitan nunca, la dama de noche de mis oraciones y el don más grande que Dios le ha dado a esta tierra. Por eso, cuando Santa Ana la trajo al mundo, no tuvo más remedio que hacerlo en el barrio del Perche. ¡Madre y Señora de todas las "madrugás"!, te digo adiós desde aquí, repitiendo desde lo más profundo de mi corazón, casi lo mismo que te dijo aquella sencilla mujer desde una esquina de Carretería: "Virgen de la Esperanza, hija de mi alma que Dios te bendiga"...

Año 2007 - PEDRO F. MERINO MATA

[...]Mírala bien, se llama Esperanza, es la Esperanza nuestra, la de todos nosotros porque es malagueña; es la más grácil y la más noble, la más guapa y la más buena. Se llama Esperanza y ha salido a la calle para buscarte a ti y llorar contigo tus penas.
Mira que esta Esperanza es la nuestra. Es la Esperanza en nuestro trabajo, la Esperanza en nuestro descanso, la Esperanza en nuestras tribulaciones, la Esperanza en nuestra alegría, la Esperanza en el más allá, la Esperanza en el perdón, la Esperanza en la paz, la Esperanza última e inasequible al desaliento que todo lo comprende con sus ojos profundos y con sus brazos abiertos. Es la Esperanza en cuyo regazo anhelan todos los malagueños reposar su sueño eterno, la Esperanza única, la Esperanza Coronada, la Esperanza Madre de todos, la Esperanza nuestra, que es tuya también porque, para ti, seas quien seas, allí donde estés, para que no desesperes, para que te conviertas y te consueles, para ti, del mismísimo trono del Cielo la bajaron los ángeles y, para que creas y te salves, te la regaló Dios. [...]
[...]Revisar la ruta y desandar parte del camino para ayudar al que lo necesita es justamente el ejemplo que nos presenta el Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso cuando cada noche de Jueves Santo llega a la antigua plaza de las Cuatro Calles para renovar el ceremonial que, sin duda, es el epicentro emocional de nuestra Semana Mayor.
Sólo por este gesto de Jesús Nazareno al detenerse en su camino hacia el Calvario para bendecir al pueblo, sólo por este acto, ya merece la pena y se justifica nuestra Semana Santa, pues este Dulce Jesús, sin heridas ni sangre, sin tumores ni laceraciones, es el Buen Pastor que vuelve sobre sus pasos para buscar la oveja perdida. Es el Maestro que mira a los cuatro puntos cardinales de la ciudad para ver quién se extravió o quién no llegó, y que se detiene ante la tribuna para decirnos:
- Tengo otras ovejas que no son de este aprisco, y es preciso que yo las traiga, y oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.[...]

Año 2008 - FRANCISCO GARCÍA MUÑOZ

"(...) Kiko Romero me demostró el sentir que se atesora en el corazón de un hombre de trono. Él llevó muchos años al Nazareno del Paso, Archicofradía de la que también fue hermano, y junto con Lola Carrera -una de nuestras mujeres más auténticas y extraordinarias que he llegado a conocer-, los dos me enseñaron que la Semana Santa de Málaga se escribe con la letra E mayúscula de Esperanza Nuestra.

(...)

En cuanto a la Esperanza Nuestra, toda Ella es grandeza, poderío y belleza. Es el verde intenso que nos inunda para repoblar nuestros corazones con su fértil manto, semillero de amor verdadero. Es reina de todos nosotros porque así se evidencia con su sublime corona de realeza. Es la Virgen por el don expreso de Dios y de los malagueños. La que en la madrugada del Jueves Santo nos quita el cansancio y el sueño. Es la Señora que nos atiende a todas horas... La que de por vida nos protege y guarda. Es María Santísima de la Esperanza. Madre y dueña de nuestras almas. La que procesionamos a medianoche y recogemos al alba."

Año 2009 - ANA MARÍA FLORES GUERRERO

[...]
Toda Málaga está esperando, la Alameda de banda en banda, regordetes angelitos iluminan tu camino, convertido en alfombra de romero, Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso, «Nombre sobre todo Nombre».

«Lleno de majestad, de gloria lleno,
reflejando en tu faz penas crueles,
vas poniendo en las almas luz y mieles,
mieles y luz que del dolor son freno».

Y año tras año, y así cuatrocientos, cuando el Nazareno llega a la Plaza de las Cuatro Calles, de la Constitución, mira a su Madre

«Se detiene la Imagen soberana.
Suena un clarín. La voz de una campana
algo divino y mágico predice.
Se oye un himno triunfal. La luna brilla.
El pueblo emocionado se arrodilla,
¡y el Dulce Nazareno lo bendice!».

Perdonadme que rompa el ritmo de este pregón.

Hace ya unos meses, concretamente en diciembre, esta pregonera recibió el más grande de los regalos, fui invitada a vestir a la Virgen de la Esperanza ¡Mis manos pudieron tocar su bendito rostro! Y cuando ya estábamos casi terminando, una camarera le comentó al vestidor:«Es la misma señora del año pasado, ha venido a traer una canastilla». El vestidor la invitó a pasar. Nada más encontrarse ante la Virgen empezó a llorar amargamente. Entre sollozos pudimos reconstruir la historia. Padecía una gravísima enfermedad y su único apoyo era Nuestra Señora de la Esperanza. Una camarera le ofreció un pañuelo de la Virgen, que ella inmediatamente se metió en su quemado pecho.

Ya más tranquila, nos relató que hace años va tras su trono. Por primera vez, su hijo, un niño, la interrumpió para decir: «Se pierde la bendición del Señor». Tras besar las manos de Nuestra Señora se despidió, pero antes nos aseguró que estaría con Ella este año, como siempre.

Cuando salió, todas, con lágrimas en los ojos, rezamos.

Ese día, la Virgen me mostró una vez más, en vivo y en directo lo que es su Esperanza. La perfecta unión entre las cofradías y la fe de un pueblo. Y sentí el inmenso orgullo de ser cofrade, cofrade el año entero.

Y a esta pregonera se le quitaron todos los miedos, porque este pregón está escrito bajo el roce del pañuelo de la Esperanza.

Madre de la Esperanza, compañera de vida, que nos ayudas en el trabajo, nos adivinas en el cansancio, nos esperas en el sueño y nos asistes cuando luchamos.

Permíteme, Madre mía, que hoy no cante ni a tu innata belleza, ni al resbalar de tus lágrimas, ni a tus ojos negros, ni a tu embriagadora mirada, ni al empaque de tu presencia.

Permíteme que mi único canto sea, Esperanza,
mi alabanza, Esperanza,
mi súplica, Esperanza,
¡Bendita seas Esperanza!
Aplaudida, loada, ensalzada, admirada seas, Esperanza.
Esperanza coronada.
Esperanza nuestra.
Esperanza de Málaga.

[...]

Año 2011 - JOSÉ ANTONIO DOMÍNGUEZ BANDERA

[...]

Desde que murió su madre, a Gregorio sólo le queda una, y las noches de Jueves Santo se va a recogerla y la saca de paseo por las calles de Málaga. Gregorio es un hombre, cómo podría yo definirlo, especial, curioso. La televisión la tiene colocada de lado porque le gusta verla tumbado en el sofá. Ahora no la mira. Por la ventana abierta se cuelan los sonidos de tambores y trompetas que suenan en la distancia. Se relaja. Poco a poco se va quedando dormido, y cuando lo hace entra en un sueño de lo más extraño. Va andando por un camino muy largo que parece no tener final. Unos metros por delante de él observa que algo brilla en el suelo. Cuando se acerca descubre que se trata de una llave. Parece de oro. La coge, la guarda en su mano, y sigue caminando. Tras recorrer unos pasos ve una vela encendida en la parte derecha de la vereda. También hay una foto de alguien a quien no se le distingue la cara. Mientras la mira siente que alguien a su espalda ha posado una mano en su hombro. Después de un escalofrío corto e intenso experimenta una sensación de calma y de paz que nunca había sentido antes.Comienza a volver su mirada pero no logra ver quién está tras él, porque se despierta encontrándose de nuevo en el pequeño salón de su casa.

Pero la sensación del sueño permanece mientras, pensativo, se mete otro caramelo en la boca, termina de ajustarse los cordones de las zapatillas, se enfunda su camiseta, y se repeina. Ya preparado agarra la bolsa donde lleva la túnica, la faraona, la faja, unas aspirinas, y una botella de agua, y sale deteniéndose un momento frente a una estampa de la Virgen perchelera a la que le dice: «Ya voy para allá, Señora, ya voy para allá».

Con zancada amplia y urgente se abre paso entre la muchedumbre que hoy ocupa cada rincón de la ciudad. Parece un albañil que viene o que va a la obra. Acelera el paso a medida que se va acercando al NH. Cuando llega, el portero del hotel lo detiene y le pregunta: «¿Dónde va usted ?». «Al submarino de La Esperanza» responde Gregorio. Como si se tratara de una contraseña, el portero no pregunta más y le deja pasar. Entra al salón donde ya están los portadores de la Virgen del romero y se abraza uno por uno con todos ellos. Se ayudan unos a otros a ajustarse las fajas, cantan, ríen, rezan, se concentran… pero no hablaré más de los rituales que allí se viven, porque son íntimos, y no seré yo quien desvele los secretos de este grupo de hombres que ya se disponen a echarse a la espalda un gran trozo de la historia de nuestra ciudad, y que ellos pretenden seguir escribiendo esta noche, con letras de oro, bajo el cajillo, los dorados arbotantes, los bordados del manto verde esmeralda, y sobre todo bajo la imagen sagrada, símbolo e icono de toda la Málaga cofrade. La imagen de María Santísima de la Esperanza.

Cuando el Nazareno del Paso, Jesús con dulce nombre y dulce cara, atraviesa el dintel del portón de la basílica, y es recibido por la multitud, suena la primera campana del trono de la Virgen. Se puede cortar la tensión con un cuchillo. A Gregorio se le hincha el pecho, como al resto de los portadores. Todos son submarino. Los del manto, los de los laterales y el frontal, esos cabezas de varales que parece que se van a comer el mundo. Tras los pasos a derecha para centrar el trono, y ya con los compases de Esperanza Coronada, la Virgen sale por fin de la casa hermandad, y Gregorio explota. Se deja ir y desata todo lo que ha ido guardando durante el año. «Ya está en la calle, ya está en la calle la reina de Málaga, ole, ole, ole. Guapa, guapa, guapa». Y ya no para. Entre piropos y vivas ha ido bordando Gregorio, durante mucho tiempo, su forma de expresar lo que siente por la Virgen del Perchel, ha ido tejiendo un manto en el que se envuelve las noches de Jueves Santo y le protege, llenándolo de alegría y cariño por su tierra, por su gente, y por su Virgen. No está solo Gregorio, lo acompañan un coro de voces de hombres de trono que responden a sus vivas y empujan con sabiduría los varales que sostienen esta mole barroca que ya avanza y se acerca a la Alameda. Paquito, Chico, Manolo Medina, los hermanos Navas, Juanma, Farfán, Pepín, Víctor, y Ricardo, que aunque aquí va de capataz, es uno de los mejores hombres de trono que ha habido en Málaga, y muchos más, muchos más. En una de las comidas que organiza este grupo de cofrades durante todo el año, Gregorio, vino a decir algo con lo que todos estuvieron de acuerdo. «Si no fuera por la Virgen de la Esperanza nosotros no seríamos amigos». No lo decía porque creyese que las cofradías debían de ser un grupo de amigos, o una peña, o algo así. Lo decía porque era consciente de que eran muchas las cosas que los separaban. Sus vidas andaban por caminos diferentes, tenían profesiones distintas, gustos y aficiones divergentes, incluso afiliaciones políticas opuestas. Pero en la oscuridad del cajillo del trono, todos eran lo mismo. Allí no había galones, ni medallas, ni clases, ni condiciones. Se mezclaban trabajadores, con empresarios, el dueño de un estanco con un concejal, un mecánico, con un abogado, o un cargador de bombonas de butano, con un actor de Hollywood. Todos iguales. Ese es uno de los poderes de la Semana Santa. Aglutina y genera amistad que queda soldada para siempre a los hierros del varal. O como a Gregorio le gusta expresarlo: «Esto es un milagro de la Virgen de la Esperanza» a lo que los miembros del submarino respondían con una sonrisa que poco a poco resbalaba hacia la más típica guasa malagueña. Aunque en el fondo de sus corazones pensaban que era verdad.

Volvemos al presente, donde Gregorio, a través de una rendija del cajillo, ha divisado a la súper popular cofradía del Cristo de Mena, que aunque no es de Mena, es de Mena, y la maravillosa Virgen de la Soledad. Se escuchan los emocionantes cantos legionarios. La Alameda se prepara para el cruce de ambas cofradías. Gregorio advierte: «Despacito, ¿eh? Despacito. A la Virgen de la Esperanza se la mece lo justo, y lo justo es muy poquito si no puede ser menos, ¿estamos?». En esto hay consenso general en todo el trono. Tras una suave mecida, porque lo cortés no quita lo valiente, la Esperanza sigue su camino al encuentro ahora de la no menos popular cofradía de la Misericordia. De la misma manera que han hecho con Mena se cruzan con el Chiquito y con la preciosa Virgen del Gran Poder. Y para adelante, pisando y oliendo romero, sin perder nunca el paso. Ya en la calle Larios, todos los hombres echan una rodilla a tierra para recibir la bendición que el Nazareno del Paso imparte desde la tribuna. Tras la doble curva y la entrada en Carretería se pasa a una zona a la que Gregorio llama, la burbuja de reflexión. Aquí el trono empieza a picar, y mucho. Los varales se van clavando poquito a poco, y los dolores se empiezan a multiplicar de forma exponencial por todo el cuerpo. Y efectivamente, entra Gregorio en esa burbuja aceptando la invitación de su Virgen de la Esperanza, y como ya había hecho el Domingo de Ramos con la Virgen de Lágrimas, con Ella habla y le cuenta cosas, y le pide perdón porque se le fue la mano con esto, o con aquello. También le dice que necesita ayuda, que a ver si con su nuevo trabajo de cocinero tiene más suerte. Con los ojos cerrados su mente habla y le dice, que el cree que hay hombres nacidos para entender las complejidades del universo, y otros simplemente para sentir, y que él cree estar en ese segundo grupo, «por eso madre perchelera te presto mi hombro », musita Gregorio, «para que otros puedan sentir lo mismo que yo». Después de haberle robado algún tiempo, se calla, porque sabe que hay mucha gente en el trono y en la calle que también quieren hablar con la Señora. Se deja llevar entonces por el mantra rítmico de los movimientos de su cuerpo agotado, que ya ha quemado todo el azúcar de los caramelos. Sigue andando, como cuando hace un par de años recorrió el camino de Santiago por primera vez, lo cual quiere repetir pronto. Pero ahora, este peregrino malagueño, va con la cabeza apoyada contra la madera dorada de la mesa, sabiendo que su madre perchelera no lo olvida porque, a pesar de cosillas, aquí y allá, él se considera un hombre bueno. Sus hermanos del submarino también saben que esto es así. De esta manera va pasando la noche, como pasa la vida, que Gregorio sabe que se desliza juguetona sobre el manto de una Virgen, o que se apaga en un instante, como la llama de una vela.

Ya esta clareando el día cuando las puertas de la casa hermandad se cierran y la Esperanza y el Nazareno hacen mutis dejando tras ellos una cascada de sensaciones. Dentro de la basílica ha tenido lugar el encierro húmedo de las lágrimas y el sudor. Chico y José, con las faraonas verdes al cuello, le dedican las ciento dieciséis levantadas que ha llevado a cabo el trono de la Virgen en el recorrido de esta noche, a la memoria de su padre, cuyos restos reposan en la basílica de la Esperanza. El abrazo emocionado de ambos hermanos se transforma en risa cuando ven venir a Gregorio, a quien después de llevar la cabeza pegada contra la mesa del trono gran parte de la noche, se le ha quedado adherida a la frente una buena capa del pan de oro del cajillo. «El año que viene lo mismo me sacan de angelito en el trono del Nazareno» dice con su sonrisa de niño. Se despide Gregorio de ambos y con su frente dorada se va hasta la cabeza del trono donde, agarrado al arco de campana, le dice adiós a su Virgen de la Esperanza.

[...]

Año 2012 - MARÍA DEL CARMEN LEDESMA ALBARRÁN

«En medio de la gente que esperaba, estaba Ella, la Madre».
En un lugar que los antiguos peregrinos mencionaban como la «Capilla del Desmayo» y que, con seguridad, dentro de poco será conocida con otro nombre que recuerde a Málaga, cuando los peregrinos se paren a rezar una oración ante la imagen de María Santísima de la Esperanza.

En aquel mismo lugar, mirando a su madre, quiso despedirse de ella. No podía dar un Paso más para abrazarla y ese abrazo perdido lo convirtió en bendición para cada Jueves Santo.

En un trono barroco con angelitos soportando los faroles que permiten ver a Jesús hecho hombre, sin apenas marcas en su rostro, se desvela el sufrimiento interno. Penas crueles en su alma que sólo se alivian cuando se encuentra con su Madre.

¡Ay, Madre de la Esperanza!
¡Cuántas lágrimas y deseos vertidos en tus manos!
No hay pañuelos que puedan recoger tanto agradecimiento y tanto llanto.
¿Qué escondes, Esperanza, tras esas lágrimas que oscurecen tu tez?
¿Qué has visto, Señora, que tu mirada a todos nos aflige?
Derramas ternura y compasión a los que a besar tus manos se acercan.
En ellas se depositan peticiones de salud, de gracias, de amor.
¡Qué hermosa eres, Esperanza!
Eres consuelo del enfermo, cobijo del desamparado, dulzura en la tristeza.
Amparo del peregrino en la Vía Dolorosa.
Eres Esperanza de un seminarista que cerquita del Calvario sigue custodiando tu altar.
Eres la Madre de Dios, Señora de Jerusalén.
Esperanza de Málaga, Reina del Perchel.

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