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T R O N O S D E L A V I R G E N

Si bien existen algunas referencias documentales sobre el procesionismo de la Virgen de la Esperanza a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX, ofreciendo algunos aspectos (aunque siempre vagos e imprecisos) sobre sus andas o tronos, no será hasta comienzo de la centuria pasada cuando podamos ofrecer las primeras fuentes iconográficas de la procesión de nuestra sagrada titular.
En realidad si exceptuamos los provisionales "tronos de flores" de los años inmediatos a la posguerra (1940-1944), la Virgen de la Esperanza ha sido procesionada en cuatro tronos: Casasola, Ureña, Luis de Vicente y Adrián Risueño quien fue el que construyo el actual trono en el que se procesiona la Virgen de la Esperanza, mostrando una clara evolución que iría desde una mayor sencillez y modestia en sus dimensiones y elementos artísticos hasta la gran monumentalidad y suntuosidad artística del actual, siendo en este sentido el más evidente ejemplo de la rápida y creciente evolución tipológica y dimensional de los tronos en la Semana Santa malagueña.
Trataremos aquí la descripción de los tres primeros tronos, los construidos por Casasola, Ureña y Luis de Vicente respectivamente (hoy todos destruidos).
| Trono de los Hermanos Casasola (1900) |
Aunque se tiene conocimiento que a lo largo de los siglos XVIII y XIX fue procesionada "siguiendo siempre al Nazareno del Paso, junto con las imágenes de San Juan y la Verónica" (Llorden-Souvirón), las primeras fuentes iconográficas de la procesión de la Virgen de la Esperanza arrancan por el momento desde el comienzo del actual siglo.
Así, sabemos por Díaz de Escovar que en el año 1900, "de la parroquia de Santo Domingo salieron en procesión a las ocho de la noche las imágenes de Nuestro Padre Jesús del Paso y Nuestra Señora de la Esperanza, sobre magníficos tronos obras de los señores Casasola" (Décadas Malagueñas, sin fecha. Archivo Municipal de Málaga).
Sin embargo, será a partir de 1908 cuando " un grupo de nuevos directivos y otros de nuevos elementos consiguieron infundir nueva vida a la Real Archicofradía de la Esperanza, iniciando a partir de entonces una era de esplendor y continua actividad procesionista tan solo temporalmente cortada por los lamentables acontecimientos de 1931 y 1936".
Este primer trono con base documental y gráfica, era conocido popularmente con el nombre del "trono de las estrellas" debido a la profusa ornamentación de pequeñas constelaciones que decoraba tanto el cajillo como el palio y las bambalinas. En él fue procesionada María Santísima de la Esperanza desde 1900, constituyendo las fotografías de la época un documento valiosísimo para su conocimiento. Sabemos, pues, que fue construido en el taller de los hermanos Casasola (familia de artistas malagueños que a finales del siglo pasado y en los comienzos del actual llevaron a cabo numerosas obras de arte religioso fundamentalmente en una dirección historicista, donde el neogótico ocupaba un lugar destacado: numerosos retablos para las iglesias malagueñas, sobresaliendo el realizado en 1889 para la iglesia del Colegio de la Asunción de Barcenilla en el que figuraban lienzos del pintor Martínez de la Vega).
El trono, de reducidas dimensiones como correspondía a aquella época era de gran sencillez tipológica y, a la vez, de artística talla, demostrando con claridad la notable calificación de los hermanos Casasola en esta determinada actividad. Presentaba un cajillo rectangular con sus frentes enmarcados con amplios moldurajes en madera tallada y dorada de fina labra (ornamentación vegetal) y roleos de esquinas, apareciendo sus caras en color negro (¿forrado en terciopelo negro?) decoradas tan solo con numerosas estrellas igual que el modesto palio de ondulosas bambalinas rematadas con flecos y borlones.
Se completaba el modesto conjunto procesional con vistosos candelabros de movidos brazos con tulipas para el alumbrado de vela, situados en las esquinas y los centros de los lados del trono.
Las crónicas de la época nos describen el paso de la Virgen de la Esperanza de forma muy escueta, señalando que "la soberana efigie marchaba detrás de Nuestro Padre Jesús del Paso, en un trono negro, tachonado el palio con estrellas. Tanto el vestido de la Virgen como el manto eran negros".
En verdad, el primer trono documentado del presente siglo respondía al tradicional procesionismo malagueño manifiestamente diferente a los monumentales y suntuosos tronos neobarrocos de nuestros días.
Su concepción respondía a una manifestación mas intimista y recoleta, sin los alardes de espectacularidad y grandiosidad que caracterizan a la actual Semana Santa malagueña.
Este primer trono de la Virgen de la Esperanza es, pues, el mejor ejemplo de las procesiones de antaño en la ciudad de Málaga, donde lo religioso predominaba sobre otros planteamientos y objetivos que, a veces, han desviado la atención de nuestra época (entendiéndose intereses económicos, sociales y turísticos, todos ellos muy ajenos al sentir religioso que debe caracterizar siempre a la Semana santa malagueña). Es más, en aquellos primeros años del siglo XX no importaba tanto la calidad artística de los "pasos" como la religiosidad que había que manifestar con la procesión de los Sagrados Titulares por las calles de la ciudad (así, el artículo cuarto de los Estatutos de la Archicofradía de 1891 recogía fielmente el contenido religioso de la procesión señalando que "todos los años deberá esta Archicofradía recordar el dolorísimo paso de Nuestro Señor Jesús Nazareno por la calle de la Amargura, sacando en procesión solemne a sus Sagrados Titulares en la noche del Jueves Santo, cuidándose mucho que dicho acto revista toda la grandiosidad y orden que el mismo requiere". (Lordén-Souvirón, op. cit., pag 403).
Este primer trono de la Virgen de la Esperanza, intimista y recoleto, fue procesionado hasta la Semana santa de 1915, pasando años más tarde a la Virgen de los Dolores (denominada a partir de 1927 Virgen del Gran Poder) de la iglesia del Carmen, unida en procesión en 1918 a la Cofradía de Jesús de la Misericordia, y, por último, a la Cofradía de Jesús del Rescate en 1924, de la Iglesia de Santo Domingo, por lo que el popular "trono de las estrellas" tuvo un largo y positivo recorrido en la historia del procesionismo pasionista malagueño del primer tercio del siglo XX, pudiendo haberse alargado aún más su vitalidad y funcionalidad si no hubiera sido destruido en los vandálicos acontecimientos de mayo de 1931.
| Trono de la Casa Ureña de Valencia (1916) |
El segundo trono de la Virgen de la Esperanza, en el siglo XX fue construido por la Casa Ureña de Valencia para la Semana Santa de 1916.
Así, en declaraciones realizadas en 1918 por el entonces Hermano Mayor, don Francisco Villarejo González, se decía que en la Semana Santa de 1916, la Virgen estrenó nuevo trono que "costó 13.000 pesetas"(diario El Regional, 19 de marzo de 1918).
En efecto, el folleto publicado por el periódico local "La Unión Mercantil" dedicado a la Semana Santa malagueña de 1916 se leía que "la Virgen de la Esperanza irá colocada en artístico y lujoso trono, que se estrena este año, obra del notable artista de Valencia Sr. Ureña.
En él va montado sobre doce barras de plata, un rico palio de terciopelo verde, bordado en oro fino, a igual que el manto, construido para esta Hermandad por la importante fábrica valenciana de don José Quinzá Guerrero. Asimismo, lucirá esta imagen, y también bordados en oro, un valioso vestido de raso blanco y un regio manto de terciopelo verde, también realizado en la misma fábrica valenciana de don José Quinzá Guerrero, regalo hecho por suscripción de diversas damas malagueñas".
Es de interés notar el color verde del palio y manto de la Virgen de la Esperanza, utilizado por primera vez por la Archicofradía al menos en el siglo XX, refiriéndose además como dato curioso en la anterior cita periodística que "los señores Hermanos que ostentan cargos de mayordomos, campanilleros y bastoneros, estrenan magníficas túnicas y capas de lana blanca con capirote verde, hábito análogo al que usa la Cofradía de la Esperanza de Sevilla".
Al año siguiente, se decía: "Con ser grandes las mejoras introducidas el pasado año, aún son mayores las que tendremos ocasión de admirar la noche del Jueves Santo. Entre ellas figura una hermosa corona que lucirá la Santísima Virgen de la Esperanza, regalo de uno de los hermanos de la Archicofradía y la ampliación de la base del trono de la citada imagen, con lo que podrá ser conducida con mayor facilidad" (diario La Unión Mercantil, 27 de marzo de 1917).
Aunque de cierta calidad artística en el trabajo de la talla dorada y grandes esculturas de ángeles en los ángulos, el trono era de gran extrañeza formal para la Semana Santa malagueña por la desarmonía que presentaban los diversos elementos. De reducidas dimensiones, ofrecía sus frentes decorados con artístico juegos de hojarascas y contrapuntas, roleos de esquinas, y amplias cartelas centrales (en el frontal se exhibía el escudo de la Archicofradía: el anagrama JHS y dos anclas cruzadas). Sin duda alguna, lo más insólito e insulso a la vez eran las dos medias figuras de ángeles mancebos ( o ¿ángelas?) que sostenían con una mano el candelabro metálico de esquina en una forzada actitud manierista, presentando grandes alas y el cuerpo semidesnudo a través de un modelado excesivamente blando y sensual, propio de una rígida formación academicista.
Eran, esculturas que por su volumen (tan grande como el de la Virgen) captaban necesariamente el interés del espectador, distrayendo con ello la atención al resto del trono y, sobre todo, hacia la Virgen de la Esperanza. Este llamativo "error plástico", aunque fue también apreciado por los hermanos esperancistas, se mantuvo hasta la Semana Santa de 1919.
A partir del año siguiente ya no volvieron a procesionarse "las angélicas y asexuales figuras monumentales de las esquinas", elementos iconográficos nunca aparecidos en la historia del procesionismo malagueño.
Así, en los documentos fotográficos del año 1920 se presentaba el trono limpio de tan extraños elementos seráficos, a la vez que ofrecía algunas reformas, según reseñaba el comentario de la prensa local: "El trono de María Santísima de la Esperanza estrenará soberbia candelería de plata que ha sido costeada por la suscripción entre los hermanos y personas afectas a la Hermandad. Lucirá la virgen una preciosa medalla de platino y brillantes regalo de un hermano de esta Hermandad y que modestamente oculta su nombre... Esta imagen luce riquísimo manto de terciopelo verde artísticamente bordado en oro fino, sostenido por doce varales de plata cincelada, colocados al exterior del palio, copia exacta del que luce la Virgen de la Esperanza del barrio de la Macarena de Sevilla"
La crónica termina diciendo: "Esta Archicofradía, siguiendo la costumbre de años anteriores, repartirá mil panes a los pobres el próximo Jueves Santo por la mañana en la parroquia de Santo Domingo" (diario La Unión Mercantil, 17 de marzo de 1920).
| Trono de Luis de Vicente (1922) |
El tercer trono, obra del escultor granadino Luis de Vicente (+1929) y estrenado en la Semana Santa de 1922, representó un momento culminante en la historia del patrimonio artístico de la Archicofradía de la Esperanza al ser considerado "la mejor pieza procesional de la Málaga de los años veinte, siendo al mismo tiempo la más destacada de las realizadas por el célebre escultor a lo largo de su extensa producción artística" (C.G. Ortiz de Villajos, "Los tronos de Luis de Vicente", diario ABC, 8 de abril de 1933).
Por fortuna, la mejor descripción del espléndido trono nos la ofrece el mismo artífice de la obra al conservarse en el archivo de nuestra Hermandad la "Memoria descriptiva de unas Andas-trono para N. Señora por el escultor Luis de Vicente de Granada" (mayo MCMXXI).
Tras un comienzo de elevado contenido de erudición artística (con errores propios de la época), el mencionado artista se dedica con exclusividad a la "descripción de las andas", refiriendo lo siguiente:
"La parte frontera del trono va dividida en tres grandes espacios separados por pilastras. El espacio del centro queda ocupado por una cartela que contiene el escudo de España, insignia de la realeza que posee la Hermandad. A uno y otro lado, dos cartelas circulares con relieves de la Pasión del Señor.
Las cuatro pilastras, en formas de hornacinas, tienen delante las figuras de los cuatro Evangelistas y encima querubines; por último, en los extremos de este frente dos hermosas ménsulas que hacen esquinas y sostienen a dos hermosos ángeles con los brazos levantados en actitud de levantar los candelabros.
Todo está colocado sobre un friso de adornos calados que sirven de respiraderos para los hombres que llevan las andas. La parte posterior ofrece el mismo conjunto menos la cartela central que puede llevar el escudo de Málaga, o el que designe la Hermandad y las pilastras, en lugar de Evangelistas, llevarían ángeles con atributos de la Pasión como indica el proyecto lateral.
El lateral ostenta en su centro una gran cartela sostenida por dos ángeles y con un gran relieve representando a N. S. Jesucristo en el sepulcro; a uno y a otro lado dos cartelas circulares con relieves de la Pasión y separadas por pilastras al frente de las cuales van ángeles con atributos, y encima querubines. A los extremos las mismas ménsulas que hacen esquina y que sostienen a los angelitos, de los candelabros.
Debajo del total su recorrido de friso como indicamos anteriormente. El otro lateral es lo mismo menos el relieve que lleva distinta escena. Sobre el trono está colocado el pedestal de la Virgen, cuadrado o según convenga, constituido por una cornisa y una escocía, descansando sobre un florón y sostenido en sus ángulos por cuatro grandes hojas que descansan sobre un basamento. Toda la ornamentación del paso va recubierta de pan de oro de ley bruñido en combinación con mate, para determinar un vigoroso claro oscuro que de un efecto de fuerza y robustez en las molduras y hojas. Los escudos, relieves y figuras de los Evangelistas y ángeles recubiertos como los adornos, de pan de oro, pero de rica policromía hecha por los procedimientos del siglo XVII y dejando al descubierto los estofados del más puro clasicismo y que tan magníficamente embellecieron los innumerables retablos barrocos que se conservan en las iglesias del siglo XVI y XVII dando las más perfectas ideas de la magnificencia empleada en las obras de aquellos tiempos. Por necesidades del trazado nos hemos visto precisados a disminuir en veinte centímetros la longitud de los laterales con objeto de que, sobre cada una de las pilastras, quede colocada una vara del palio a fin de hacer más armónico el conjunto por la belleza de la proporción. El perímetro de las andas mide 14'60 m. y la altura 0'80 m. sin contar los pequeños salientes de las cartelas, quedando repartido entre diez y seis espacios con otros tantos relieves, diez y seis pilastras con figuras, cuatro ménsulas y ocho ángeles de regular tamaño. El friso inferior cuenta con cuarenta y ocho ménsulas que sirven de basamento a las pilastras y veinte y cuatro espacios calados. A más de todo esto irán coronadas las pilastras por cartelas con querubines y adornos, al igual que las cartelas circulares que contienen los relieves. Los velos que cubren el paso pueden ser terciopelo con galones de oro o bien de imitaciones de tapices.
Esta es la idea que se nos ocurre, pero que no forma parte del presupuesto por no pertenecer a nosotros el trabajo.
La madera más a propósito para este trabajo es el pino que emplearíamos por ser más aceptable a la talla, dorado y policromía al mismo tiempo que por su duración se hace preferible a otra clase de madera.
La mesa del trono será construida de la misma madera y la distribución de vigas para ser llevada, se haría longitudinal o transversal, para hombros o espaldas respectivamente, y según costumbre y conveniencia en esa población. Estudiada con todo detenimiento la ejecución de esta obra en cuanto a tiempo empleado en terminación de la misma se refiere, dificultades que se ofrecen para la adquisición de las primeras materias, la carestía total de todo lo que integra la ejecución de la misma, por su importancia, nos arroja un total que oscila de veinte y cinco a treinta mil pesetas, precio que, atendiendo a las razones antes expuestas, es el mínimo en que podríamos ejecutar este trabajo.
En caso de existir una conformación entre la Hermandad y el escultor, autor de este trabajo, para la realización del mismo, las condiciones de ejecución sería mediante un contrato legal y de acuerdo entre ambas partes contratantes.
Granada, 14-5-1921.
Firmado: Luis de Vicente"

El proyecto del notable escultor granadino fue aprobado por la Junta Directiva de la Hermandad malagueña, a cuyo frente estaba el Hermano Mayor don Manuel Nogueira , siendo estrenado el nuevo trono en la Semana Santa de 1922.
Lógicamente, la prensa malagueña de entonces se hizo eco de tan importante reforma, dedicándole numerosos elogios a tan bella obra procesional. Así, tras una extensa descripción del trono, la revista Málaga Católica refería la siguiente:
"Todo el trabajo está tallado en madera, dorado con oro fino y bruñido de manera impecable, con ciertas entonaciones rojizas que le dan más realce.
Es de una preciosidad y justeza irreprochable en su estilo barroco, no siendo de extrañar que cuantas personas en Granada primero y después en la iglesia de Santo Domingo han visto tan hermosa obra, hayan alabado como se merece al autor genial de la obra y a la Junta Directiva que ideó tan importante reforma.
El coste de dicho trono se eleva a la suma total de 32.000 pesetas. Como consecuencia de esta reforma y para completar tan importante innovación, se ha construido también un artístico palio bordado en oro fino, valorándose su coste en 40.000 pesetas".
El trono, partiendo de las numerosas y destacadas fotografías de la época, era de un estudiado equilibrio y a la vez de una exuberante elegancia formal entre la fina y bien labrada talla ornamental (de barroquizantes hojarascas y contrapuntas hábilmente entrelazadas), y el completo programa iconográfico de bajorrelieves (representando diversas escenas pasionistas, una de las cuales, el Santo Entierro, era copia de la existente en el actual Museo de Bellas Artes de Granada, ejecutada por Jacobo Florentino "El Indaco"), junto con las esculturas de los cuatro Evangelistas y bellísimos grupos de ángeles.
Singularmente agradables de formas y actitudes eran los angelitos portadores de las cartelas centrales. Igualmente conformaban una composición barroca de espléndida exquisitez y bella armonía de ritmo los candelabros de esquinas portados cada uno por dos primorosos angelitos que se enlazaban y surgían con encantadora sencillez y naturalidad entre roleos y tallos (eran en realidad perfectos arbotantes de factura delicada y acertado ritmo como pocas veces ha podido exhibirse en la Semana Santa malagueña).
Todo el conjunto procesional era de una concepción admirable tanto en su aspecto global como, sobre todo, en el estudio pormenorizado de sus numerosos detalles plásticos.
Sin embargo, donde en realidad se valoraba toda su calidad artística era en la procesión del Jueves Santo, en medio de la calle y rodeado del numeroso pueblo malagueño que le acompañaba a lo largo de todo su recorrido.
Es verdaderamente impresionante observar las fotografías de la época por lo que supone, por una parte el fuerte arraigo del "procesionismo" en la ciudad de Málaga, y por otro lado la belleza plástica del trono de la Virgen de la Esperanza en medio de la gran muchedumbre de malagueños ansiosos de presenciar su paso por las calles de nuestra ciudad.
Y a pesar de su monumentalidad (nunca equiparada con la actual), el trono de la Virgen de la Esperanza salía (y entraba de nuevo) del interior de la Iglesia parroquial de Santo Domingo a través de la puerta de la nave lateral que presenta una anchura de 2'50 m., tal y como lo demuestra una curiosa fotografía que recoge la vuelta al templo en la madrugada del Viernes Santo del año 1929. Por clara deducción matemática, sabiendo que el perímetro total del trono era de 14'60 m., se llega a la conclusión de las siguientes medidas: 2'50 m. de anchura, 4'80 m. de longitud, y 0'80 m. de altura ( referido al cajillo del trono, es decir, la obra ejecutada por Luis de Vicente).
El nuevo trono, pues, colmó por completo a los hermanos esperancistas. A partir de entonces se irían produciendo nuevas mejoras en los demás enseres procesionales.
Así, en 1924, "la reforma de gran importancia es el nuevo manto que lucirá la Virgen de la Esperanza. Es de color verde, ricamente bordado en oro por las Religiosas Adoratrices de Málaga. En el bordado van como motivos decorativos, frutas y flores de la localidad. La delicada obra de bordado no ha podido terminarse este año por falta de tiempo" (revista Semana Santa en Málaga, año 1924).
Al año siguiente se lee: "el manto de la Santísima Virgen ha sufrido valiosa transformación, completándose su artístico y lujoso bordado, de tal forma que, seguramente, como él existirán pocos en España. Tan importante trabajo ha sido realizado nuevamente por las Madres Adoratrices" (diario La Unión Mercantil, 9 de Abril de 1925).
La Semana Santa de 1926 presentará también algunas modificaciones: "el trono de la Santísima Virgen ha sufrido artística modificación, pues se la ha colocado cuatro basamentos de plata de 25 centímetros de altura con el objeto de que el manto de la venerada imagen luzca la fastuosa riqueza de su bordado. También se ha aumentado el alumbrado del mismo, cuya batería irradiará torrentes de luz" (revista La Saeta, año 1926).
El manto de la Virgen de la Esperanza nuevamente fue objeto de atención durante los años 1927 y 1928, llegándose en este último año a terminarse, según nos informa la revista La Saeta ("por fin en este año se ha llegado a la feliz terminación del manto, así como del bordado del vestido de la Virgen que no hubo tiempo de realizarlo el año pasado").
Por último, queremos dejar testimonio de la crónica que le dedica la revista la Saeta de 1931 al "paso" de la Virgen, como recuerdo cariñoso de lo que un poco más tarde iba a ser pacto de las llamas (quema de conventos):
"La Virgen de la Esperanza, símbolo sagrado del Barrio del Perchel, figura sobre un magnífico trono de estilo barroco obra del genial y tristemente llorado Luis de Vicente (había muerto en 1929), apareciendo bajo palio de terciopelo verde profusamente bordado en oro y piedras preciosas. Como suprema ostentación de riqueza digna prenda de valor, lleva la Virgen un regio manto de terciopelo verde, de ocho metros y medio de largo por cinco y medio de ancho, artísticamente bordado en oro fino y piedras preciosas, magistral obra de difícil ejecución realizada por las Madres Adoratrices de esta capital. De su cuantía y valor dice mucho el hecho de que se haya tardado cuatro años en bordarlo y represente un coste total de 100.000 pesetas".
Días más tarde, la gran mayoría de las obras que conformaban el excepcional patrimonio artístico de la Archicofradía de la Esperanza absurdamente fue destruido en el gran incendio ocurrido en la madrugada del 11 de mayo del fatídico año de 1931, y entre las notables piezas procesionales, el bello trono de Luis de Vicente, y el espléndido y monumental manto de las religiosas Adoratrices, perdidas importantes no solo para el sector cofradiero sino para el patrimonio artístico de la Málaga en general.

Bibliografía:
- Clavijo García, Agustín. "La Semana Santa Malagueña en su Iconografía Desaparecida","Semana Santa en Málaga". Tomo II. Ed. Arguval. Málaga
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