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M U R A L D E L A B Ó V E D A
El tiempo, que quizá es verdad que no es distancia, sino sentimiento, ha ido pasando, sin volver ni tropezar, desde que se reunieron en la sala de capítulo del Convento del Señor Santo Domingo el Real de la ciudad de Málaga un grupo de vecinos. El escribano dio fe de que les conocía a todos y de que "ha muchos días que deseaban fundar una hermandad". Los congregados estaban, según acredita la escritura de Fundación de la Hermandad de Nuestra Señora de La Esperanza, "a diez y seis días del mes de junio de mil y seiscientos y cuarenta y un años". La Historia recoge una de las maneras en la que las cosas pudieron suceder: precisamente aquella en la que sucedieron. Y aquí paso lo mejor que podía pasar: aquellos remotos toneleros y aquellas monjas que no daban puntada sin el hilo dorado y verde de su fe, iniciaron lo que es hoy un fervor y un orgullo comunitarios. ¿A qué estrella lejana llegarían, unidos al margen de los calendarios, todos los pasos monacales y anónimos de los cofrades? Málaga sigue armando todas las Semanas Santas la de Dios es Cristo. Lo dije cuando lo pregoné, hace 19 años. (Después lo han dicho otros). Durante esa semana, que no tiene siete días sino veinte siglos, se predica por las bocacalles el Evangelio según Málaga y el monte coronado se transforma en el Monte Calvario. Y la verdad es que no podríamos imaginar la Semana Santa sin el Paso y La Esperanza. Ella nos parece siempre cosa del otro Jueves Santo. Cosas del romero. Del romero y del amor. Después de la incesante procesión de los días, toda esa historia se sube por las paredes. Los 319 metros cuadrados le han salido redondos a Eugenio Chicano. Año y medio de trabajo. Lo que ahora es una obra de arte fueron paneles preparados con blanco titanio. Como ha dicho Carlos Ismael Álvarez, no necesitaba Eugenio que le contase nadie lo que había vivido desde niño. El sólo tenía que pasar de lo vivo, de lo vivido, a lo pintado. El ha querido que fuera yo, sin más méritos que pertenecer a la cofradía de "Nuestra Señora de la Amistad", el que os dirigiera hoy estas pobres palabras. Ha vivido siempre Eugenio Chicano con la pintura, de la pintura, por la pintura. Sobre ella y tras ella. Esa es su profesión y profesión viene de fe. Desde sus primeras exposiciones individuales, más o menos con veinte años, cuando se parecía a un joven Tirone Power, y no como ahora, que se parece a un maduro Orson Well. Un caballero de vida batida, nuestro Eugenio. Desde los zarandeados años juveniles hasta la serenidad actual. Veinte años en Italia siempre son algo. Conoce las piedras del Coliseo de Verona tanto como las piedras de nuestra catedral y sabe tanto del Gioto como de los verdiales. Durante once años dirigió ejemplarmente la Fundación Picasso, nuestro paisano planetario. Yo le regañaba, como si yo pudiera regañar a nadie. - Tú lo que tienes que hacer es pintar, que es lo tuyo. Allá por el año 84 representó a España en la Bienal de Venecia y ahora ha venido para hacer, en su Málaga, su capilla sixtina. Después de muchos avatares es un señor casi serio que hace 36 años que no prueba una copa. Nadie es perfecto. No han sido fáciles las cosas para Eugenio hasta que la luz se hizo. La luz, para él, ha sido Mari Luz. A veces se le nota un cierto deje de amargura, paliada por el humor. Es precisamente su ciudad la que ha regateado reconocimientos. ¿Por qué?, ¿por ignorancia?, ¿por envidia? ¿Esa envidia que según Quevedo está flaca porque muerde y no come? Hay que felicitar a esta cofradía por haber confiado en él. No es frecuente que Málaga cuide a sus artistas. Aquí su "ópera magna". Comparecen momentos y personajes claves, lo que tu llamas las sagas de la Esperanza: Caffarenas, Bujalances, Rico, Milla, Narvaéz, Villarejos, Gancedo, Gómez-Raggio. Siglos resumidos en colores. A estas alturas. Si cuando te caíste del andamio te llegas a matar, como Murillo, esta noche se nos pianta un lagrimón a todos. Faltó un pelo. No sé si uno de los pelos vegetales de los 60 pinceles Rembrand o un pelo de los 150 pinceles de pelo animal que has gastado en tu obra. Se sabrá por ti por este mural, cuando pase "el tiempo que ni vuelve ni tropieza". Vendrán los turistas a ver rostros y estandartes. Y pañuelos con vocación de palomas y ángeles que tuvieron mucho cuidado en no pillarse las alas con esa puerta. Nadie tendrá que preguntar: ¿entre italiano y flamenco, como pintaría aquel Eugenio? Aquí quedará lo que hiciste para honor de Málaga, en honor de Nuestra Señora de la Esperanza. Esperanza nuestra. MANUEL ALCANTARA |