M U R A L    D E    L A    B Ó V E D A

Fue siempre ilusión de los cofrades cubrir el techo de este salón de trono-museo con un gran mural que relatara la historia de nuestra Archicofradía. Es una historia que empezó en 1.576 y que hoy continua esplendorosa. Es una historia de muchos años y de muchos hombres que trabajaron sin descanso y como titanes para forjar la historia de hoy, en unos tiempos de luces y sombras, de grandezas y de desolaciones, pero siempre de ilusión y de esperanza.

Algunos de ellos se encuentran reflejados en este mural y hoy, aquí, entre nosotros están sus esposas, sus hijos, sus nietos, sus bisnietos, sus tataranietos e incluso sus tatataranietos. Para ellos mis recuerdos más emocionados y el mejor de los homenajes de su Cofradía.
La elección del pintor no fue al azar, debía de ser malagueño, debía ser un hombre enamorado de Málaga, y un cofrade que conociera con profundidad la Semana Santa, que su pintura tuviera una gracia original, que fuera colorista, que fuera imaginativa y que tuviera la capacidad de contar con un pincel una historia escrita, centenaria. El pintor tenía que ser, sin dudarlo, Eugenio Chicano.

Pero había que narrarle la historia con detalle, pararse en sus momentos más sobresalientes, resaltar sus anécdotas, para ello nadie mejor que un esperancista de tomo y lomo, un hombre que ha dedicado los mejores años de su vida a su Cofradía, que ha investigado, ha escrito y ha dirigido con singular acierto la misma, y que es un eterno enamorado del Nazareno del Paso y de su Virgen de la Esperanza, el narrador fue Carlos Ismael Álvarez.

La historia estaba contada, ahora tenía la palabra el artista, y este cogió la paleta y el pincel y con una técnica y un arte sin igual desarrollo en este gran mural una bella historia de cinco siglos de existencia, que ha ido siempre en paralelo con la historia de Málaga.

Y es por ello que describe y destaca con una gracia y un color inigualable los toneleros, los donantes, los dominicos, los nazarenos, los hombres de trono, las hachetas, los monaguillos, la mano del Nazareno del Paso, La Anunciación de la Virgen, la Coronación Canónica de la Esperanza y termina cada uno de los tres motivos con la apoteosis.

El motivo central lo acaba con los pañuelos de la Virgen subiendo al cielo y un ejército de Ángeles riendo van recibiendo la fe de un pueblo.

El motivo dedicado a Jesús lo termina con el Nazareno en su Trono y en la noche del Jueves Santo camino de la Plaza de la Constitución para dar su bendición.

El motivo de la Virgen de la Esperanza lo termina viéndole entronizada, majestuosa recorriendo las calles malagueñas.

Y detrás de cada secuencia, Málaga, siempre la silueta de Málaga, El Perchel, Santo Domingo, La Farola, el Monte de las Tres Letras, y como no, la Basílica de la Esperanza.

Has escrito, Eugenio, con tu arte la más bella poesía y la más hermosa sinfonía de amor a nuestros titulares, has colmado todas nuestras esperanzas e ilusiones que pusimos en este proyecto.

He escuchado que los críticos de arte formulan casi obligadamente tres preguntas al pintor ¿por qué lo pintó?, ¿Cómo lo pintó?, y, ¿qué pintó?. Permíteme que sea yo quién conteste.

Pintó porque estaba inspirado en su amor por Málaga y su Semana Santa.

¿Cómo lo pintó? Lo pintó arropado siempre por los cofrades de esta casa. Pintó como los Ángeles.

¿Qué pintó? Pintó la Gloria, la centenaria historia de la Pontificia y Real Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza. Que ellos os bendigan.

JUAN ANTONIO BUJALANCE FERRER
HERMANO MAYOR

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