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T R O N O D E L C R I S T O
Concluida la Semana Santa de 1940, se determina iniciar la realización de un trono o andas procesionales para el Dulce Nombre de Jesús Nazareno. Con tal fin, se constituyó una comisión de directivos que examinaron cinco proyectos firmados por los pintores Luis Bono Hernández de Santaolalla y Luis Ramos Rosas, un tercero de Sánchez, otro presentado por el escultor Francisco Palma Burgos, y por último, el del arquitecto y miembro de la comisión Fernando Guerrero-Strachan y Rosado. La solución ofrecida por este último se configuraba como proyecto de síntesis de los anteriores, lo cual no satisfizo a un sector de los hermanos que preferían la convocatoria de un concurso nacional. Como es lógico, la formación del diseñador debería proyectarse en la configuración monumental de la obra. Sin romper la tradición de la talla carnosa y exuberante de osada volumetría, tan familiarizada con los gustos locales, Guerrero-Strachan propone una solución ambiciosa, planteada desde un prisma específicamente arquitectónico, cuya fuente de inspiración remite, en última instancia, a las caprichosas invenciones barrocas de Francisco Borromini. Por tanto, la presencia de lo borrominesco en esta obra cabría entenderlo como válvula de escape a partir de la cual, el diseñador investiga las posibilidades expresivas y lineales de un "barroquismo" que, sin duda, va más allá de la opulencia y recargamiento de la talla y la invasión de elementos vegetales, en detrimento de lo estructural, espacial y tectónico. De ahí las enormes divergencias conceptuales que separan las actuales andas del Dulce Nombre de Jesús de sus predecesoras, realizadas por Luis de Vicente, cuya plasticidad residían únicamente en el efectismo de lo vegetal, acercándose a la sublimación de la naturaleza como soporte de la efigie sagrada (Alarcón Ramírez).
El entronque intuitivo con la arquitectura italiana del siglo XVII se verifica mediante el inquieto y sinuoso juego de curvas y contracurvas que sacude y alabea el perímetro del basamento. La planta acaba contagiándose de este dinamismo, al adoptar una traza ligeramente ovalada. La realización material de la obra correría a cargo de Francisco Palma Burgos, consumado experto en este tipo de piezas, a la que también supo aportar singulares dosis de novedad. En su aspecto actual, las andas procesionales del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso son el resultado de las profundas reformas llevadas a cabo en 1950 y 1961 y las mejoras introducidas en 1991-1992. En 1950, se suprimieron los ángeles-atlantes, de filiación miguelangelesca, dispuestos por Palma en acción de soportar sobre sus hombros en las esquinas del trono. En su lugar se emplazaron gigantescos mensulones de hojarasca coronados por ángeles barrigones que efectúan el ademán de sujetar faroles de madera dorada, lo cual le confiere al conjunto una impronta muy característica. En 1961, y desestimada la posibilidad de realizar unas nuevas andas, en plata de ley en los talleres de Félix Granda, se procedió nuevamente a su reforma y ampliación. De paso, se sustituyeron las cartelas heráldicas de los costados por sendos relieves con los temas de la Presentación del Niño en el Templo y el Bautismo de Cristo en el Jordán, alusivos a la iconografía del Dulce Nombre de Jesús. Las escenas aparecían flanqueadas por los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel y el Ángel de la Guarda.
Todas estas piezas serían ejecutadas por Andrés Cabello Requena. Su ínfima calidad plástica motivaron el reciente encargo a Manuel Carmona de la nueva imaginería del trono, la cual configura un programa iconográfico distinto que contempla los relieves de los asuntos de la Exaltación de Cristo en la Cruz y la Deposición en el Sepulcro, rodeados de los Evangelistas. La aportación del artista extremeño ha aquilatado el interés artístico del trono. Especialmente en lo tocante a la relivaria, Carmona desarrolla los temas seleccionados en dramáticas composiciones apaisadas que concentran a un gran número de personajes sometidos a violentas convulsiones y escorzos realzadas por los brillantes estofados. La sugestión de Alonso Berruguete, Juan de Juni y la escultura romanista se adueña de la parcela estilística de estas piezas decorativas. De la concepción original del conjunto perduran la anárquica división de los paños en golpes de talla inscritos en retículas y confrontados con cartelas y las piezas esculpidas por Francisco Palma Burgos como motivos centrales de las vistosas conchas centrales de las capillas frontal y trasera. En la parte delantera sobresale un interesante busto de Dolorosa: Representa una versión sobre una obra anterior del propio escultor malagueños, como es la Mater Dolorosa que le hizo merecedor de la Medalla de Oro de la Exposición de Bellas Artes celebrada en el Instituto de Córdoba, el 2 de junio de 1936. Conservada hoy en la capilla de la Congregación de la Buena Muerte y Animas en la Iglesia de San Carlos y Santo Domingo, dicha obra y el busto del trono analizado beben por completo del tradicionalismo técnico e iconográfico más declarado, hasta el punto de poder afirmarse que se encontrarían escasas piezas que suscriban de un modo más literal y mimético la maniera de Pedro de Mena y Medrano, también por la educación y formación recibida de su padre Francisco Palma García. Para constatar esta premisa basta compararlas con la dolorosa del artista granadino donada al Santuario de la Victoria por los Condes de Mollina. En la trasera, se emplaza el busto de María Magdalena, captada en una pose espontánea y con airoso giro de cabeza. El rostro se infunde de un acusado componente retratístico al adoptar como modelo a una de las hermanas del escultor.
Autor: Fecha de realización: 1940-1942, 1991-1992.
BIBLIOGRAFIA "El Trono Procesional en Málaga: Arquitectura y Simbolismo". Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, 1996. |