E L    C A M P A N I L L E R O

CampanilleroTres toques cortos, claros y precisos. El campanillero del trono avisa. Dentro de poco éste se alzará sobre los hombros que lo portan, y yo no puedo hacer nada, sólo esperar, mientras se escucha el sonido de otras campanas cada vez más cercano. La procesión se pone en marcha.

El sonar de las campanas ha llegado hasta nuestros días atravesando años y rompiendo silencios, en una praxis evolucionada, sentando tradición dentro de otra tradición: los campanilleros de la Semana Santa. Hombres y mujeres que con movimientos maestros son capaces de arrancar sonidos que adornan siete días de primavera exultantes de olores a azahar, incienso, romero y cera derretida. Hace años en Andalucía, y especialmente en Málaga, también existieron los campanilleros, aunque con una función bien distinta a la actual.

Dícese de los hombres que iban por los pueblos de la comarca anunciando con sus toques la llegada del amanecer. Era la hora de comenzar las labores del campo. Asimismo, la Iglesia incorpora el uso de las campanas para avisar al pueblo que el Santísimo estaba en la calle. Esto ocurría cuando el sacerdote se dirigía a casa de algún enfermo o impedido para darle la comunión.

En nuestros días, la campana se ha convertido en uno de los elementos más tradicionales de la Semana Santa, y tal vez sea nuestra Archicofradía una de las que ha gozado siempre con la presencia de buenos y admirados campanilleros como Manolo Utrera, Pepe Harras, Pepe Ramírez,.. por mencionar sólo a algunos.

Y es que tocar la campana es algo más, podríamos decir que es un arte, quizás, por la maestría que se requiere, pues es necesario saber ajustar bien el movimiento de la muñeca para que la campana suene de una forma especial. Además, cada campana tiene un toque distinto, dependiendo no sólo del material del que está hecha o del temple del metal, sino también de aquel que la haga sonar.

No es de extrañar que cada campanillero mime su campana, existiendo entre ellos la tradición de sacar cada año la misma, entre otras cosas, porque cada cual suele adecuar el puño a su mano, buscando aquel forraje con el cual estar más a gusto y que el roce del mango sea lo más suave posible, si bien es cierto, que una vez en la calle, ya poco importa que al cabo del rato, cuando vas por Carretería, comiences a sentir tu mano dolorida, porque la campana se lleva con el corazón, al igual que los demás nazarenos llevan sus velas y enseres, igual que los hombres de trono llevan sobre sus hombros a su Cristo y a su Madre.

Los campanilleros se distribuyen a lo largo de la procesión de acuerdo a una jerarquía. El nivel superior lo ocupa el campanillero del trono, que suele ser el de más antigüedad y experiencia, y cuya misión consiste en emitir la orden de parar o andar que le indica el mayordomo de trono. El resto de los campanilleros se encargan de transmitir la orden en cuestión, y así, de campanillero en campanillero, el mensaje llega hasta la cabeza de procesión, para evitar los enojosos cortes que se puedan producir en la fila de nazarenos, debido a algún parón del trono o a cualquier otro imprevisto.

Tiene esta Real Archicofradía 8 campanilleros en la sección del Cristo y 8 campanilleros en la sección de la Virgen, y cada Jueves Santo salen a la calle para desempeñar una tarea de comunicación perfecta, en la que no hay lugar para las equivocaciones, pues el código utilizado es claro y sencillo. Hagamos un pequeño repaso.

Los toques más clásicos son los de "andar" y "parar", denominados respectivamente "contrapique" y "fuelle". El primero se compone de tres repiques cortos, separados cada uno por una breve pausa, y el segundo es un repiqueteo largo. También existen otros toques como el "parón" o giro de muñeca, que sirve para parar en seco el badajo de la campana; el "repique", repiqueteo muy largo, usado sobre todo en los encierros y salidas, y también, como no, por esta Archicofradía en la Bendición del Nazareno en la Plaza de las Cuatro Calles, uno de los momentos culminantes de nuestra Semana Santa, donde cuantas más campanillas mejor, tocando al unísono, hacen este acto aún más emocionante si cabe.

Todas estas definiciones están recogidas en el libro "Lenguaje Cofradiero de Málaga", de Lola Carrera y espero que la mayoría de las cofradías las sigan poniendo en práctica durante muchos años, porque me cuesta trabajo imaginar una Semana Santa sin campanilleros, sin esos sonidos que vienen a mezclarse con la suave brisa del mar, que envuelve y acaricia el terciopelo de las túnicas de los nazarenos, y así es y así espero que siga siendo.

Llevar una campana es ciertamente un orgullo. Campanillero de Semana Santa es, en fin, algo que a todos nos gustaría ser.

JAVIER SALMERÓN
(Artículo publicado en el Nº 14 del Boletín "Esperanza")

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