C O N    S U    P U E B L O . . .

Y cuando pasen lista los ángeles de las coplas del alba, estaremos todos. Unos desde más allá de las campanas, por los volantes del raso de la flor del romero; acaso en el vaho de la cera ardiente, sobre las calmas de la luz, en el marismo que arropa a los pájaros. Otros, de banda en banda, por la Alameda, esperando. Y así se cumplirá el clamor. Y los naranjos que ya lo habían avisado, que lo venían diciendo hacía días, se paran en el azahar y lo proclaman. Y el calofrío amante de la madrugada pondrá altares de murmullos inexplicables para decir la noche. Algo no visible empieza a subir desde no se sabe qué mundos. Mientras, un galeón de luces, marinero en almas, en andas llevado asoma por el puente y enfila los viejos árboles hacia la bocana del Puerto, donde la Farola adivina y oye cada año los manantiales del latido de Málaga.

Cuánto tiempo Señor, cuánto tiempo en estallidos de claveles. La eternidad se siente pegada al cuerpo como una camisa mojada. El capirote se asienta sobre la frente; bajo él, este mundo va a otro mundo, se mira desde otro mundo, y resulta otro, y otro jueves, o todos los jueves juntos de todos los siglos reunidos.

Y todas las brújulas de la fe señalando a María, y las estrellas titilando en un lenguaje azul marino, sin peso y sin mesura. Las señales de esperar por las lunas de la primavera. Y viene la Esperanza: los sonidos a decibelios lentos entre el cuerpo asombrado del éter, las distancias medidas en milímetros, las ondas hertzianas transmitiendo telegramas: verde y morado, morado y verde, a los sitios de una física lírica, los radiotelegrafistas desconcertados, los astrónomos tomando aire del saber del romero, la ecuación de Einstein que se ha escapado por los signos del zodíaco, borracha de martinetes y siguiriyas. Gibralfaro cada vez más cerca y el monte que se mueve en la noche y a mirar se pone. Qué llega la Esperanza.

Y se pasa lista y estamos todos, los siglos de por medio quemando la inutilidad de los calendarios y los relojes marcando las cien mil horas de la noche, las nunca horas y las todas, y el verde y el morado, y el morado y el verde. Y la esencia del romero en vasos de terciopelo por todos los piropos el campo y de los montes. Y: pisa Morena el romero que es noche de Jueves Santo: Niña de Nazaret, del Jerusalén de los percheles y del viento chico de levante. El Guadalmedina seco y Málaga inundándose, de banda en banda, rotos los paredones del alma. Despacio y ola de luz, templo itinerante, al paso de la Verdad, viene la Esperanza.

Cuánto tiempo Señor, cuánta Málaga. La torre de Fonseca al fondo, las Atarazanas, la Muralla, la puerta de Granada, la calle Real, San Agustín, la Catedral de la Encarnación, la puerta del Mar. El mar por la Alameda esperando tierras por la bahía de la ensoñación. La Málaga eterna: boquerones del alba, las uvas moscateles, la tarde en la noche, el aire por los aires, María de Málaga, la Esperanza esperando por los puentes sobre el río. Cuánto tiempo, Señor, cuánta Málaga.

Y qué nombre para María de entre un millón de nombres entrañables. Se lo han ido aprendiendo los balcones, los cierros, las aceras, los niños, las golondrinas y los vencejos, años tras año, de unos a otros. Dios del cielo, qué nombre para María, concierto para la cera, andante de flores, scherzo minucioso de los pasos del cielo, el pausado paso pasando desde todos los años y todos los tiempos en una interminable sinfonía de Málaga. María de la Esperanza, qué nombre para esperarte. Málaga de banda en banda, los cielos asomados, de puntillas, como enamorados por la Alameda, ya hay Alameda; Larios Luego, ya hay Larios; Carretería sin muralla, después. Y Tú, María, que llegas siempre a tu jueves y no te vas nunca, y vuelves y te quedas. Ahí viene la Esperanza.

Y quién pone orden aquí. Los rezos alborotados, emocionados los versos en un regimiento de siglos, al ataque de Dios, a suspiro calado. Cuál es el orden, dónde estamos, qué crece hasta el infinito. Cuál es el orden y el andar, dónde se ha parado la procesión, dónde estamos, qué siglo es este, qué Málaga llevamos puesta en el corazón, dónde pasa y se congrega. A qué no tiempo estamos, cuál es el desorden. Los niños recogiendo lágrimas de cera, los botijos de mano en mano, el romero en las solapas, por los bolsillos, por los ojales, por los calvarios y los pasillos del correr de la sangre. Y estamos todos desde siempre: los limones cascarúos, las barcas de los garbanzos tostados con sus chimeneas antiguas.

Dónde está la procesión, los cirios en un infinito de aceras y cornisas, las golondrinas y los balcones y los cierros. La Alameda de banda en banda. Dónde termina y empieza Málaga, y la procesión, y las cornetas y los tambores. Hasta dónde llega el romero, quién no está en la procesión. A la vuelta, el pueblo se agarra a los remos invisibles del galeón dorado, nosotros, el pueblo, todos, no falta nadie. Se pasa lista de nuevo y aquí están todos, vivos y muertos, y el pueblo rema con vida y alma en galeras y suspiros. Y Málaga se para y se levanta, y se pone flamenca la madrugada por jabegotes, por verdiales, abandolaos los cirios y las señas. Ahí está la Esperanza.

Las calles que saben teología y apologética y metafísica. Qué nombre Señor, qué nombre para María. María arriba, María por el romero, noche la del Jueves Santo. Santa María de Málaga, de la Málaga nuestra, del tiempo de todos los años. Y quién pone aquí orden, cuáles son los nazarenos, y las nazarenas, y los nazarenitos. Por dónde va la procesión, quién era yo antes de venir a este clamoroso milagro, por dónde va la procesión, cuántos van en ella: esto es un lío divino y arcangélico. Las esquinas poniéndose de perfil para María, las farolas bajando los regueros de la luz, y María, guapa, María de Málaga. Qué llega la Esperanza.

Y el Cristo de la Buena Muerte que asoma por Ordóñez, y el clamor, y las ventanas de la música de Málaga de par en par, y la gente se arremolina y le entra la bulla, y se suben en las sillas, y en los sitios, y en los corazones y faltan sitios y sobran corazones, y sobre el tiempo y los árboles se achaparran, y los turistas de a pieza y media, gastando carretes y carretes, y los taxistas insomnes, y los automóviles parados: Dios, los automóviles quietos, y a Superman le entran palpitaciones, y el Mercado Común tomando papillas lacteadas, y el Mediterráneo meciendo naves de Tarsis.

Y quién pone orden aquí, dónde y cuál es el orden que se debiera: dónde se aprenden estas cosas, o éste es el orden de Dios -Pepe, coge al niño que se mete debajo del trono, Y el Pueblo impone su procesión. Y la vuelta del Moreno en la tribuna, y la Bendición, y el clamor que no ha parado se desata. Oiga, esto es calle Larios, verdad; y la gente que se tira a la calzada y se arremolina, y anda y desanda. Dios, qué procesión es ésta, por dónde vamos, qué hora es, dónde se ha metido el tiempo que acaba y empieza. Y María detrás, las flores piropeándola con una lluvia de pétalos. Ahí está la Esperanza.

Y la vuelta en la esquina de Méndez Núñez con la de Granada. Arriba con el trono, arriba con la Esperanza. Y la gente a verlo y a vivirlo. Y Málaga se pone de lujo y se pone a estar donde estuvo. Y la cera aquí, y allá arriba y abajo, todos con Ella. Y los mayordomos por las esquinas del trono y por los penitentes, y por la bulla, y por la gente, y la gente por medio en su procesión, y los ángeles por los arbotantes, y la luz, y los veleros de María pensando y trasminando Jueves Mayor del año. Y ahí está María.

Y calle Carretería, y más gente, y más bulla. Y la Tribuna de los Pobres. Dianas floreadas vienen por el Guadalmedina y bajan desde los montes, sobre aromas de romero vienen y se mete por los oídos un rumor de arrabales antiguos. Noctiluca, la isla de Arriarán, la bahía por los paredones del alma, por los cauces de las torrenteras. Los copos de la aurora bogando desde la Farola a Santo Domingo, la Bahía cantando las cosas de Málaga, perfiles de luna, sueños de niños, campanillas del cielo, coplas del aire enamorado. Y dónde está la procesión: esta es la procesión. Málaga es la procesión, y Málaga no termina ni empieza. Málaga de banda en banda. Y qué hora será si es que hay alguna, deben de haber dado las mil y quinientas: los relojes como locos, las velas haciendo rosarios de parafina, los niños desvelados, los perros asustados, los gatos por las tejas de los tejados, los tejeringos a marchas forzadas, los chupa-chups de penitente, los campanilleros tocando a Mozart y a Falla y a Granados. Ahí esta la Esperanza. Qué nombre entre los nombres. Dios qué nombre para María.

Y a casa, que suenan los timbres de la mañana, el azul que se va poniendo violeta. El duende de la madrugada que se despereza y se restriega los ojos preguntando: y aquí qué pasa, por qué no me llamaron antes. El verde y el morado del brazo por la calle. Dios, dónde está la procesión que no acaba ni empieza. Arriba María, ahora empujan más los corazones que los hombros. Arriba Niña de Nazaret, de Jerusalén, de Málaga. La bulla, la gente, las saetas. El cielo bocabajo. Málaga, Málaga ahí, a la puerta, las campanillas, la Marcha Real, los ángeles preguntando por la salida, por la entrada, por los sitios, porque si, porque María. Y guapa, guapa, guapa. Y Málaga con su Esperanza. La Málaga nuestra, la Málaga niña, la Málaga eterna: el acabóse.

JOSÉ RUIZ SÁNCHEZ

© 2008-11 Pontificia y Real Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza | C/ San Jacinto, 1-3 29007 Málaga ESPAÑA | Tel. (+34) 952 614 396 y 952 612 776
info @ pasoyesperanza.es  |  aviso legal  |  sobre este web