L A    P R O C E S I Ó N

INTRODUCCIÓN

La procesión es el elemento central en la vida de las Hermandades y la manifestación externa de éstas tras el devenir de todo un ciclo cofrade.
Es cierto que la vida externa de las cofradías no puede reducirse sólo al procesionismo; hay una serie de actos que individual o conjuntamente celebran las Hermandades de Pasión, pero en realidad estos no son más que avisos o preparativos formales para la gran celebración semanasantera, que vienen a dar calor y ambiente al mundo cofradiero de nuestra ciudad.

Pero las procesiones, con ser, como son, manifestaciones muy arraigadas en la tradición y en los cánones, no siempre fueron iguales a las que hoy vemos. De entrada, ese marco barroco donde se las inserta es cada vez más barroquizante, dentro de una línea de mayor profusión del exorno y cada vez menos barroco en el mundo de los contrastes y de los claroscuros. Queremos decir con lo expuesto que nuestras procesiones han ganado en exquisitez dentro de las formas -y el perfeccionamiento de las técnicas de las artes suntuarias lo ha posibilitado- pero ha perdido, en aras de una cierta monotonía y repetición de formas, rasgos de identidad que cada vez más deberían procurarse para evitar el adocenamiento y la similitud.

Como indicábamos, las procesiones no han sido siempre iguales. Han variado sus itinerarios, es decir se ha transformado la relación espacio urbano-Cofradía, se han modificado sus tronos y sus adornos, las insignias o enseres, es decir los medios por los que la Cofradía se hace presente en la ciudad, y hasta los componentes humanos del deambular penitente, es decir los actores de ese "teatro callejero" que es la procesión, también se han modificado. Sin embargo, su finalidad, la función de la propia procesión en la calle no ha perdido su lugar ni su norte. Creemos, por tanto, que no estaría de más hacer un breve recorrido histórico a través de estos elementos, para ver cómo han perdurado unos, cómo desaparecieron otros y, en definitiva, ver cómo existen aún elementos que bien pueden recordarnos a algunos que existieron en el pasado y que hoy sólo son recuerdo de unas formas y unos modos que el tiempo se encargó de ir haciéndolos desaparecer.

LOS COMPONENTES HUMANOS DE UNA PROCESIÓN EN MÁLAGA

La salida procesional de una Cofradía malagueña, tal como la podemos ver hoy, aún a sabiendas de las particularidades que cada Corporación nazarena pueda aportar, está formada por una serie de figurantes que genéricamente denominamos nazarenos, los cuales visten el hábito de penitencia propio de cada Hermandad y llevan un específico orden procesional en el cual rige una determinada escala jerárquica. Pero con ser esto cierto, no lo es menos que la cofradía en la calle la componen más personas, que no son estrictamente nazarenos, y que o bien acompañan al cortejo penitente, o bien cumplen unas determinadas funciones encaminadas al perfecto desarrollo de la procesión en la calle. Pues bien, a lo largo de los cinco siglos de cofradías y procesiones en nuestra ciudad unos y otros han cambiado tanto en su presencia como en su indumentaria y orden. Algunos componentes desaparecieron con el paso del tiempo pues las costumbres, necesidades y expresiones de las Hermandades (hermanos de sangre o disciplinantes, personajes alegóricos, horquilleros y correonistas..) habían hecho conveniente su olvido; otros por el contrario se transforman o se incorporan con el paso de los años.

La procesión en Málaga, como en otros lugares de Andalucía, queda dividida en tantas secciones como tronos se procesionan en la misma, normalmente uno en el que recibe culto Cristo en uno de los misterios de su Pasión o Muerte y otro en el que aparece la Virgen Dolorosa en una representación idealizada que la acerca más a la Virgen que reina gloriosa en el cielo que a la Virgen Madre, testigo de la muerte de Jesús.

En nuestra ciudad, cuando se sale de nazareno en una procesión se puede ir ocupando puestos y funciones diferentes, según una especial estructura jerárquica que hace de la procesión una especie de pirámide en cuyo vértice estaría el Jefe de Procesión y en la base los penitentes. En esta estructura hay una triple división. Se puede ir de cargo, es decir responsabilizándose de una determinada tarea de orden procesional, se puede ir de insignia, es decir llevando uno de los múltiples elementos que conforman lo que sería la ornamentación de la procesión, o se puede ir, por último de penitente, es decir portando un cirio durante el recorrido.

La primera parte de la procesión, conocida como "frente de procesión" se organiza por secciones, que son agrupaciones de nazarenos formados en línea, habitualmente cuatro, la cual recibe el nombre de la insignia portada. Así aparecerán secciones de faroles, bocinas, mazas, bastones fijos, estandartes, representaciones del Vía-crucis o misterios del Rosario. Al frente de cada una de estas líneas o secciones aparecerá un mayordomo, que por extensión también es nombrado por el apelativo de la insignia que la ha sido asignada. La misión de este mayordomo es detener o iniciar la marcha de los nazarenos que lleva a su cargo acoplando su movimiento al de la procesión en general y tratando que no haya distancias excesivas entre su sección, la anterior y la siguiente. El mayordomo se distingue, cuando menos, por llevar en su mano un bastón con el que suele dar las órdenes oportunas, golpeándolo contra el suelo. El bastón de mayordomo suele estar rematado por el emblema de la Cofradía o por alguna alegoría representativa de la misma.

El Guión es la bandera de la Corporación, plegada sobre un asta y recogida a la misma por un largo cíngulo. Actualmente tiene una forma especial, de "bacalao", que no es más que la estilización de una bandera que al recogerse se ensancharía por la parte central donde aparece el escudo de la Cofradía. Suele ser una pieza rica en bordados y orfebrería para destacar, precisamente, su cualidad emblemática.

Concluido el frente de procesión, que salvo piezas singulares se repite en las secciones de Cristo y Virgen, se inician dos largas filas de penitentes, que son los antiguos hermanos de luz, portando cirios o hachetas con las que acompañan, iluminando, el paso de los Titulares por las calles de la ciudad. Su correcta alineación, sus paradas y marchas están reguladas por mayordomos de velas que, al igual que los que vimos en las secciones de insignias, deambulan entre las filas de penitentes indicándoles su orden correcto. Al igual que los demás mayordomos llevan un bastón que permite las indicaciones oportunas y el ser reconocido por los penitentes.

En medio de estas filas de penitentes suele introducirse una insignia muy característica y antigua, el estandarte del Titular de la sección, que generalmente suele aparecer representado en el mismo mediante una pintura, bordado o reproducción en orfebrería, aunque dicha representación no tiene por qué ser el retrato del Titular.

Aún quedan en nuestras procesiones unos personajes con una jerarquía específica y que ahora pasaremos a detallar. Son los campanilleros, los mayordomos de trono y los jefes de sección y de procesión.

El campanillero es un nazareno netamente malagueño y, como tal, las cofradías deberían esforzarse en su mantenimiento, no con una mera presencia física en la procesión, sino con una actuación efectiva. Su función no es tocar la campanilla para avisar el paso de la procesión tal como haría un muñidor, sino marcar la marcha y las paradas de la propia procesión; de aquí su importancia en el correcto deambular de la misma.

Las llamadas que realizan los campanilleros mediante toques concretos de sus campanillas indicarán el paro o el avance en la procesión y se hacen siempre desde el trono hacia la cabeza de procesión, de tal forma que el campanillero primero no será aquel que figure en el primer lugar de la sección, sino el que esté más próximo al trono. Este es, por su peso y dificultad de movimiento, el que en definitiva hace ir más rápida o lenta a la procesión ya que el esfuerzo que deben realizar los hombres de trono necesita determinados descansos.

Para comunicar a la cabeza estos cambios -parada o marcha del trono- de forma que lo procesión no quede dividida, descolgada, en dos bloques trono y nazarenos, el campanillero transmitirá la información oportuna mediante toques de campanilla -tres para la marcha, uno para parar-, y de esta forma irá repitiéndose de campanillero en campanillero hasta llegar a la cabeza de procesión que cumplirá la orden oportuna.

Los jefes de sección y procesión con sus respectivos subjefes son los responsables últimos de la marcha de las secciones respectivas o del conjunto total de la procesión. Suelen ser cargos móviles por la necesidad de ir conociendo en cada momento el desarrollo del itinerar penitente. En ocasiones su insignia característica no es un bastón largo sino uno corto o bastón de cetro, que le permite los desplazamientos con más facilidad a través del cuerpo de nazarenos.

Hemos dejado para el final a los mayordomos de trono para hacer bloque con el grupo de hermanos que se encarga de llevar el trono y con los capataces que le ayudarán a realizar correctamente las maniobras.

El mayordomo de trono es el responsable de éste desde que el mismo inicia su recorrido hasta que se encierra. Su misión consiste en señalar, mediante toques de martillo en la campana del trono, los momentos en que éste debe andar o parar, bien para descansar o para recuperar el paso. Colaborando estrechamente con él en esta misión van los capataces de trono, que distribuidos alrededor del mismo, van indicando a los hombres de trono las maniobras correctas que deben realizar en cada momento.

Cuando el mayordomo de trono quiere iniciar la marcha de éste golpe de manera rápida la campana de trono, haciendo una especie de llamada general. Acabada la misma da dos golpes secos, de atención, e inmediatamente después, pero separado con nitidez de los dos de atención, da un último y definitivo toque al cual responden los hombres de trono subiendo el mismo e iniciando la marcha.

Cuando se trata de parar la llamada es más simple, se dan dos toques y a continuación uno que es el que detendrá el trono. Si el mismo ha perdido su paso y necesita recuperarse sin bajar el trono, un toque de campana servirá para parar el mismo y otro toque a continuación servirá para reanudar la marcha.

JESUS CASTELLANOS GUERRERO

("El Mundo Externo de las Cofradías Malagueñas: La Procesión",
"Semana Santa en Málaga", Tomo 4, Ed. Arguval)

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