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V E S T I R S E D E N A Z A R E N O El cíngulo de nuestro hábito nazareno es un cordón de seda amarillo / dorado, trenzado, que mide diez metros de largo. Su objetivo es el de ceñir la túnica a la cintura abarcando una gran superficie de forma que recuerde una faja de penitencia. En realidad, y aunque sujeta la zona lumbar, la calidad del material hace que esta visión sea puramente simbólica. El cíngulo aporta buena parte de la apariencia de nuestra actual indumentaria y provoca, junto con el tejido de terciopelo y el escapulario bordado en oro, esa impresión colorista que caracteriza nuestro aspecto exterior en procesión. Nuestra túnica es caudal, es decir, tiene una cola de longitud igual a la propia túnica. Cuando la cola no va suelta o recogida al brazo (circunstancia que actualmente no se da en ningún momento del recorrido), el cíngulo tiene también la misión de sujetarla, siempre a un flanco, entre alguna de las vueltas centrales, permitiendo descubrir el raso que la forra. Evidentemente no todos los cíngulos tienen diez metros, para adaptarnos a las diferentes tallas existen algunos de ocho metros y los de enlace -niños- que miden tan sólo cinco. Los tres nudos que aparecen en los cabos del dogal del Dulce Nombre constituyen un símbolo más, alusivo a los votos de pobreza, obediencia y castidad. Igualmente simbólico es el número de vueltas que suele llevar: siete. Durante una época los nazarenos anudaban también sus cíngulos, pero el pretendido simbolismo degeneró en un simple recurso para regular la longitud final de los cabos, llegando a ser inadmisible el número de “votos” de algunos archicofrades desorientados. Por esta razón se decidió mantener estos anudamientos tan sólo en el cíngulo del Señor que a todos nos representa. Complementado con guantes blancos y calzado negro de charol con hebilla, el equipo de nazareno finalmente consigue, además de indiscutible elegancia, una adecuada armonización con el lenguaje barroco de los tronos, y con la actitud respetuosa, pero humanizada y nada rígida, con que la Archicofradía se conduce en la calle. SALVADOR GARCÍA MORGADO
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